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Panamá, jueves 14 de agosto de 2008
 

‘Desde cuando el tigre es vegetariano’

El regreso del ‘Rifle Robles’

Irving I. Domínguez Bonilla
opinion@prensa.com

Corría el año 1964 cuando asumió la Presidencia de la República Marcos Robles Méndez, quien entonces propugnaba, ante la ola de hurtos y robos en el país, por una política de mano dura en contra de los delincuentes, la cual tenía como principal consigna a la policía: “Ladrón visto, ladrón muerto”, de allí que a este Presidente se le apodara el Rifle. Sin embargo esta política, que al principio fue un disuasivo a los cacos, posteriormente en nada frenó la estadística criminal, fuera de que la misma vulneraba claras garantías constitucionales fundamentales, tales como: derecho de defensa, a no ser penado sin juicio previo, debido proceso, prohibición de la pena de muerte; de las cuales nuestro país, en ese momento, consignaba en la Carta Magna de 1946.

Al escuchar las expresiones de un candidato presidencial señalando que “todo que el que mata va preso”, “cadena perpetua para los menores” y “voy a actuar con mano dura”, debo sacudir mi cabeza para darme cuenta que no es el “Rifle Robles” que está en plena campaña política y que estamos en 2008. Este tipo de política criminal, desarrollada por los estados, no ha dado resultado en ninguna parte del mundo y lo único que hace tangible es su aplicación a los estratos más humildes de nuestra sociedad; solo a manera de ejemplo, cuando estaba en el crepúsculo del gobierna de Mireya Moscoso, se intentó granjearse al electorado con una política de mano dura enfocada en allanamientos, despliegues policiales y capturas estilo boina verde en los sectores marginales de la ciudad de Panamá (El Chorrillo, Curundú, San Miguel, San Joaquín), sin que esto solucionara el problema.

Ahora, nuevamente ante el aumento de la criminalidad se propugna por este tipo de medidas, en mi opinión desesperadas, y que solo buscan canalizar el descontento de la población ante el problema de la inseguridad reinante. Este problema no debe ser ponderado como demagogia política, sino con claros proyectos y programas destinados a solventar el problema desde un plano de vista integral.

En nuestra opinión no se puede, so pretexto de solventar la situación y amparado en la desesperación ciudadana, abocarnos a un proceso de militarización de la policía con el norte de hacerle frente a la ola delincuencial. Resulta paradójico que nuestro país es el único en el mundo en donde la teoría de la evolución actúa de forma inversa, al transformarse el hombre en mono (Proceso de ‘Gorilización’ Policial).

La política criminal debe estar sustentada en una labor eminentemente preventiva e iniciada desde el núcleo principal de la sociedad: la familia. Si el Estado no invierte en educación y en el desarrollo social de la niñez, no esperemos en las próximas generaciones encontrar una salida al problema de la delincuencia.

No se puede aprovechar el temor del pueblo para jugar a la política tradicional e introducir el germen militar en las entidades policiales; estas últimas todavía no se han desarrollado lo suficiente para creerse el principio elemental del respeto a la autoridad civil y creo que darles la investidura que se pretende, por parte del Ejecutivo, es abrir la puerta al oscuro pasado que vivimos. Como bien nos dice un conocido político “desde cuando el tigre es vegetariano”.

El autor es abogado


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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