decadencia política.
La ampliación del Canal de Panamá
Roberto N. Méndez
opinion@prensa.com
Don Ricardo Martinelli, presidente del Partido Cambio Democrático (PCD), rechazó, la primera semana de agosto, la propuesta de unificación político-electoral planteada por Juan Carlos Varela, presidente del Partido Panameñista.
¿Por qué? Dice don Ricardo que Varela “...se opuso a la ampliación del Canal, poniendo sus intereses personales y partidistas por encima de los intereses del pueblo”.
Este exabrupto de Martinelli es una muestra más de la decadencia en que se sume el debate pre-electoral panameño y cuya ulterior agudización podría llevar a nuestro país a una crisis socio-política muy grave.
Es un exabrupto, en primer lugar, porque la mayoría de los miembros del Partido Cambio Democrático (PCD) se oponía al proyecto del tercer juego de esclusas. Así pude constatarlo cuando asistí, en calidad de orador invitado a un foro sobre el tema, auspiciado por el PCD, en septiembre de 2006. El PCD al fin de cuentas (y acatando a regañadientes las órdenes de don Ricardo) se pronunció por un “Sí” al proyecto, lo que es una escandalosa prueba de la forma anti-democrática como el señor Martinelli maneja “su” partido.
Pero el desplante de don Ricardo es también una solemne pifia política pues, contrariamente a lo que él afirma, el proyecto del tercer juego de esclusas atenta contra los intereses del pueblo panameño. Primero, porque es un proyecto prematuro -el Canal de Panamá, con algunas mejoras secundarias, tiene la capacidad de hacerle frente a la demanda de tránsito por más de 20 años-. También, porque los costos del proyecto (que la Autoridad del Canal de Panamá, ACP, estimó en “hasta” 5 mil 250 millones de dólares) estaban sub-estimados. Y además, porque las proyecciones de crecimiento del tránsito (que la ACP, violentando los pronósticos de sus propios consultores, fijó en más de 3% anual), estaban infladas. Por todo ello, invertir los excedentes del Canal (y encima, endeudar al país, en miles de millones más) para ejecutar ese proyecto, es no solo un disparate sino un atentado contra el pueblo -mucho más si sabemos que existen graves necesidades sociales y ambientales en Panamá, que podrían afrontarse con dichos excedentes-.
A dos años de realizado el referéndum (en el cual más del 50% de la población se abstuvo de votar) los hechos nos han dado la razón a quienes propugnamos por el “No”. Los costos del proyecto se han disparado a raíz del aumento del precio del petróleo y el colapso del dólar. La desaceleración económica internacional ha causado que la tasa de crecimiento del tránsito por el Canal esté ya frisando “cero”. Y el recalentamiento global está generando una nueva ruta interoceánica al norte de Canadá, el “Paso del Noroeste”, que amenaza quitarle una cantidad significativa de clientes al Canal de Panamá. Nada de esto parece saberlo don Ricardo Martinelli ni, duele decirlo, la mayoría de los dirigentes políticos del patio, a quienes llamo a reflexionar y evitar pronunciamientos políticos insensatos y demagógicos (como el que nos ocupa), que como dije amenazan arrastrarnos a una grave crisis -o a optar en 2009 por una abstención electoral masiva-.
El autor es profesor de economía
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