lucha por un ideal.
Poner las barbas en remojo
Héctor Rodríguez G.
opinion@prensa.com
Por estos días que Colombia celebra sus fiestas patrias, es justo tener en cuenta que Panamá era parte del Virreinato de la Nueva Granada, de suerte que le atañe tanto el Grito de Independencia en Santafé, como la batalla de Boyacá y el nacimiento de la Gran Colombia, de la cual Panamá era un departamento.
Cobra interés entonces, recordar que las primeras semillas independentistas fueron sembradas por el insigne precursor, don Antonio Nariño, nacido en Santafé, quien estudió la latinidad, peldaño expedito para penetrar en filosofía y teología; aprendió griego, italiano y francés, bases conque ingresó a estudiar jurisprudencia en el Colegio del Rosario. Maestro de filosofía, derecho real civil y cánones. Aun así, la honestidad y la verticalidad fueron sus mayores virtudes.
Estremecido por la Revolución Francesa, consiguió que un guardia del virrey Mendinueta en Santafé le prestara el libro de la Asamblea Constituyente de Francia; copió los “Derechos del hombre”, mismos que editó e hizo circular por doquier. El Virrey dispuso drásticas pesquisas, fueron torturados muchos patriotas. Nariño, que fue condenado a pagar prisión, ni siquiera en África para que las plagas le martirizaran hasta extinguirlo, logró evadirse al tocar puerto y regresó a su patria, en donde prosiguió su causa, luchando en armas mientras su pluma seguía acicateando los ánimos, mas la pobre economía truncó sus proyectos.
Francisco Miranda, otro precursor, hacía lo propio en Venezuela y encontró el apoyo de Simón Bolívar, quien compró armamento y contrató mercenarios que adiestraran las tropas criollas comandadas por Nariño, Miranda, Santander, Córdoba, Padilla, campaña que independizó a Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia.
Y la historia vuelve ahora, en los albores del siglo XXI, a ser causa común para Panamá y Colombia, aunque con eufemismos se pretenda minimizar a los monstruosos enemigos pandémicos del desarrollo democrático y pacífico: la corrupción y el narcoterrorismo.
El pueblo colombiano, que ha vertido más sangre y aportado más sacrificios de cualquier clase en esta lucha que en toda su historia pasada, ahora ha encontrado un gobierno altivo, prudente y muy inteligente, que le ha cumplido de manera leal los compromisos preelectorales. Es por ello que ese pueblo, sigue aferrado a la esperanza de que así va a alcanzar esta nueva independencia, podrá demorarse, pero, ya llegará ese día.
El autor es docente
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