BUSCADOR
  Portada | Clasificados | Foros | Ediciones anteriores | Archivo | Suscripciones | Portadas PDF | Titulares por e-mail | Contáctenos
Panamá, martes 12 de agosto de 2008
 

EL MALCONTENTO.

El problema no es Torrijos

1072629Paco Gómez Nadal
opinion@prensa.com

El país busca referencias, compara los finales del actual Presidente de la República con los dos anteriores. Endara tiene una especie de perdón perpetuo, una bula política, la desmemoria que se le concede a los títeres. Cuando Torrijos salga del Palacio de Las Garzas, será el momento de hacer el inventario de los cuadros y los cubiertos de plata –advierto a la primerísima dama que esta frase es una metáfora sarcástica-, pero de momento se analiza en qué se funde el presupuesto el primer mandatario y cuáles son las leyes que aprueba en este último tramo de su presidencia y que, por cierto, quedarán cuando este Gobierno pase.

El análisis se va llenando de despropósitos. La polémica reforma de lo que ya denominan en la página web de Presidencia como “seguridad democrática” –imitando el pleonasmo uribista que nombra lo evidente… ¿se imaginan un gobierno que impulsara la seguridad antidemocrática?-; los dólares regalados para alimentar la cultura política clientelista del país; el improvisado sistema de transporte masivo que se perfila como un triste remiendo misterioso; la desastrosa Caja de Seguro Social que tortura a los más pobres; el abandono de la educación parcheado con 200 millones de dólares en becas; la vergonzosa actuación de la Anam en casi todos los ámbitos; las obras faraónicas construidas en turnos de 24 horas para poder despedirse con corte de cinta; los nuevos ricos torrijistas nacionales y extranjeros que han crecido como hongos a la sombra de este permisivo Ejecutivo…

Es largo el listado del fracaso, pero para ser justo también señalaré que este Gobierno ha hecho buenos intentos, torpemente ejecutados en algunos casos. La reforma del sistema fiscal y la gestión al frente de la Dirección General de Ingresos, los programas de transferencia condicionada de recursos, el avance que ha tenido la investigación científica en el país, el tímido inicio de una carrera administrativa… Algo de luz hay, y doy fe de cientos de funcionarios que se creen su trabajo y que le han apostado al país por encima de la frustrante sensación de ser dirigidos por altos cargos, cuyo conocimiento de su respectivo sector y concepto de lo público es ausente.

Lo que queda ahora es esperar. El país está inundado de vallas publicitarias con eslóganes –que parecen escritos por niños, perdón por los menores- y todo se reduce a aguantar a las elecciones y ver qué viene (nada bueno por los candidatos del oficialismo y de la oposición en liza). Por estas razones me pregunto ahora si el problema del país es Martín Torrijos y su gobierno –repleto ahora por gorilas del triste recuerdo que sustituyeron a los ejecutivos agresivos del original team Martín al que ya nadie recuerda- o si el problema de la política panameña es más estructural.

Me inclino por esta segunda opción. Panamá se debate entre un modelo democrático formal nacido de las cenizas de la dictadura y el peso de la memoria y de la costumbre de la política clientelista, privatizadora, finquera en su esencia. Ninguna de las dos opciones son buenas y nuestros políticos están instalados en cualquiera de estas dos categorías –muchas veces combinándolas.

Tanto en Panamá como en buena parte de Latinoamérica, no hay democracia real –si es que eso existe-. Los presupuestos públicos son una cuenta de inversiones privadas, los ciudadanos tienen que agradecer al funcionario público que no los maltraten y cada inauguración de una pinche escuela de tercera categoría se convierte en la inauguración de los Juegos Olímpicos del ridículo. Quienes manejan aquí las cosas son los finqueros, no nos engañemos. Ni Torrijos ni los anteriores presidentes (as) controlan el país, ya quisieran. El Gobierno tiene un papel marginal al servicio de las familias de siempre y de los empresarios de ahora. Por eso creo que les entra la manía de la seguridad, porque ahí sí pueden montar su show personal y porque es un tema que queda bien tratar. Lo demás, migajas.

Existe, eso sí, una sociedad civil cada vez más preparada y organizada. Todavía no se siente con suficiente fuerza, pero se sentirá. Y en eso nuestros políticos son tan torpes que hay que agradecérselo. A la sombra de esta democracia de chequera, comunidades enteras buscan la forma de construir al margen de este Estado excluyente y no creo que se coman el cuento del bono de turno. Esto ocurre también, mientras escuchamos el descaro empresarial que advierte del impacto en la temida inflación si se les ocurre reconocer los derechos básicos de sus trabajadores. Solo nos falta que nos cuenten que si ayudan a sus empleados a resistir en esta crisis económica fruto de la opulencia, tendrán que limitar los movimientos de su Toyota Prado.

Torrijos no es el problema, es solo el síntoma de una enfermedad más compleja que necesita ser atendida. ¿Por quién? No parece que por los politiquillos que buscan la próxima presidencia.

[C. Lee a Tomás Ibáñez para seguir entendiendo a la bestia. “Quitar la censura política es como limar los dientes de las palabras. Si nadie nos prohíbe decir lo que queremos decir, debe ser porque nuestras palabras carecen de peligrosidad”. ¿Somos tan inofensivos?]

El autor es periodista
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al Cliente.
En caso de necesitar mayor información accese a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.
Corporación La Prensa: (507)222-1222
Apartado 0819-05620 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá