El Presidente de la República tiene un discurso no solo cuestionable sino peligroso sobre el asunto de los aumentos salariales. Con su insistencia en un ajuste de sueldos para los trabajadores del sector privado, ha desencadenado una lucha de clases, deliberadamente, solo porque ahora él se ha acordado de que en su gobierno hay empleados que llevan años ganando menos del salario mínimo.
Tras disponer alegremente de dineros que no le pertenecen –en un año preelectoral y con aviesos fines electoreros–, ahora reclama aumentos para los trabajadores particulares. Pero lo cierto es que, además de recibir dinero de los impuestos que genera el sector privado para hacer sus aumentos, el mandatario olvida que hay diferencias abismales entre los salarios que ganan algunos de sus copartidarios –incluso por encima de los 10 mil dólares– y los de la gente a la que dice haberle mejorado su nivel de vida.
Torrijos debe escoger mejor sus palabras, pues las que está usando actualmente podrían provocar enfrentamientos que luego él mismo lamentará, pero que, sin duda, negará su responsabilidad en ellos. |