humanidad desigual.
Un mundo irracional y asimétrico
Xavier Sáez-Llorens
opinion@prensa.com
El fracaso de las negociaciones de la Ronda de Doha para derribar las fronteras del mercado y liberalizar el comercio agrícola sepulta, por el momento, el sueño de que la globalización pueda propiciar el beneficio simétrico de la humanidad entera. La esperanza de robustecer las clases medias, en los países pobres del mundo, apoyada y carburada por la administración Clinton, quedó herida de muerte.
Los políticos han desperdiciado la primera década del siglo XXI. Los dos periodos presidenciales de Bush son los flagrantes protagonistas del miserable estancamiento. La historia deberá registrarlo como uno de los presidentes más nocivos que ha tenido el país más poderoso del planeta.
Se avecina, ahora, un peligroso aumento de unilateralismos perversos, proteccionismos perniciosos y nacionalismos retrógrados, por parte de países con dictaduras o populismos de terror pero con economías emergentes (China, India) o riquezas energéticas (naciones árabes, Venezuela). Las semillas de los futuros conflictos están siendo sembradas y muy poco se hace por evitarlo.
Solo un cambio radical en los liderazgos de Estados Unidos y Europa hará retomar el rumbo extraviado y trabajar en la búsqueda de un bienestar humano más homogéneo. Después de escuchar el vibrante discurso de Obama en Berlín, un destello de optimismo se cierne sobre el tema. Fue una alocución profunda, conceptual, humanista y emotiva.
Lógicamente, la retórica por sí sola no gana elecciones. Hace falta que el votante detecte un mínimo de credibilidad en las palabras del candidato. Creo, no obstante, que Barack lo consigue porque su dialéctica se nota sincera y porque muchos estadounidenses ansían que se borre el descrédito de la era Bush, se recupere el prestigio perdido y que sea la inteligencia y no la fuerza en lo que se base la convivencia pacífica entre las distintas culturas y civilizaciones.
Como nosotros no podemos votar en esas influyentes naciones, solo nos resta elegir conscientemente a nuestros gobernantes para que el progreso y prosperidad llegue también a cada rincón del país en que vivimos. Tristemente, muchos panameños tienen una conciencia metálica fácilmente manipulable en vísperas electorales. Es el dinero, sin duda, el motivo principal que lesiona la dignidad como individuos pensantes. No hay peor esclavitud que la represión deliberada de la propia conciencia. Dejarse alterar los principios ideológicos por el poder económico refleja grietas profundas en la ética personal.
Esto último es tan habitual en la política criolla que raramente uno encuentra gente decente participando en la cosa pública. żDeben las personas honradas inmiscuirse en la vida gubernamental? Platón decía que “una de las penalidades por rehusar participar en política es que terminas siendo gobernado por tus inferiores”. En sociedades civilizadas, con democracias consolidadas y sistemas jurídicos correctos, una respuesta afirmativa a esta pregunta parece obvia. No obstante, en regiones sub desarrolladas, la situación es tan compleja que resulta probable que alguien honrado no sea elegido o sufra calumnias al no dejarse absorber por la corrupción institucionalizada del sistema. Por ejemplo, pese a la rectitud en las actuaciones y buen desempeño demostrado por Teresita de Arias como legisladora o José Manuel Terán como ministro, ambos fallaron en sus postulaciones.
Laurentino Cortizo, el precandidato más potable del PRD para mucha gente sin afiliación partidista, seguramente saldrá ampliamente derrotado en las primarias. Tampoco me sorprendería observar que a Bobby Velásquez, protagonista de uno de los mejores periodos de Sinaproc, le hagan tambalear sus probabilidades debido a conspiraciones internas y al salpique de monedas que presumiblemente se mueven por vías subrepticias. Mientras tanto, tramposos, coimeros y haraganes ganarán fácilmente sus correspondientes escaños.
Después de deprimirme con lo acontecido en Doha, un amigo me envió un video sobre el proyecto “La Tierra en Miniatura” (www.youtube.com/watch?v=drSDhlnm0e0). El texto es desgarrador. Con el fondo musical de la canción Imagine de John Lennon, ningún ser humano sensato escapa al peristaltismo de sus conductos lacrimales. La idea fue reducir proporcionalmente la población mundial a una aldea de 100 personas y describir su diversidad. La composición demográfica final incluiría a 57 asiáticos, 13 africanos, 12 europeos, 8 latinoamericanos y 5 norteamericanos. Por el lado de la espiritualidad, 18 serían islámicos, 17 cristianos, 16 católicos, 14 hindúes, 6 budistas y 16 no estarían afiliados a ninguna religión. Once practicarían la homosexualidad, 9 padecerían alguna discapacidad y 8 serían zurdos.
Si aplicamos un análisis socioeconómico, 6 personas (todas gringas) dispondrían de casi el 60% de la riqueza mundial, mientras que 53 lucharían por sobrevivir con un ingreso inferior a $2 dólares diarios. Cualquier ser humano con techo para cubrir y cama para dormir estaría mejor acomodado que el 75% de la población restante. Ochenta individuos vivirían en condiciones infrahumanas, 43 sin servicios básicos, 18 sin agua potable, 14 no sabrían leer ni escribir, 13 con hambre o desnutrición y un adulto sexualmente activo padecería sida. En materia educativa, solo siete habrían cursado enseñanza secundaria y uno llegaría a la universidad. Doce habitantes usarían computadora y tres con acceso a internet.
Pese a todas estas aberrantes iniquidades, el mundo gasta anualmente más de un billón (un millón de millones) de dólares en arsenal bélico ($173 per cápita) y solo una quinta parte para comprar medicamentos y paliar la hambruna infantil. Se invierte mucho más en armas para destruir la especie que en libros para construirla. Los ingresos conjuntos de las 500 personas más ricas del mundo exceden a los de las 416 millones de personas más pobres y la esperanza de vida en los 31 países clasificados en lo más bajo del Índice de Desarrollo Humano (9% de la población mundial) es apenas de 46 años, o sea, 32 años menos que en los lugares ubicados en lo más alto. Al transformar todas estas realidades que se tapan en cifras que se graban, nada mejor que parafrasear nuevamente a Bertrand Russel, “Siempre se ha dicho que el hombre es un animal racional; he pasado toda mi vida buscando infructuosamente la evidencia que lo demuestre”. También yo.
El autor es médico
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