PROHIBIDO OLVIDAR.
Asamblea de eunucos
1069603Carlos Guevara Mann
opinion@prensa.com
Cuando el Ejecutivo usurpa la función Legislativa, el régimen político degenera en tiranía. La tiranía, por cierto, no conviene a la seguridad ciudadana. De partida en las tiranías-regímenes como los de Torrijos, Paredes y Noriega no hay ciudadanos, sino vasallos. Y la seguridad de los vasallos depende, no de un sistema legal impersonal, garante de derechos universales de que disfrutan todos los individuos por igual -sin distinciones- sino de las pretensiones de su amo, el mandón de turno.
El día que el amo -el mandón de turno- amanece con ganas de arrebatarle al vasallo su casa, su mujer o su vida, de aventarlo desde un helicóptero o aserrarle el pescuezo (destrezas en las que descuella el reverendo Papo, Dios lo bendiga), ese día se acaba la seguridad del vasallo en un régimen despótico. Y como ese momento llega cuando sea -cuando le da la gana al mandón- nadie está seguro en dicho régimen. Es ese el modelo al que aspiran los candidatos, adláteres y PGP del gobierno de turno, ésos que repiten, como atrasados mentales, que bajo la dictadura de Torrijos, Paredes y Noriega había más seguridad. ¡Insensatos!
(Si usted es de los jovenzuelos inconscientes que no vivieron la dictadura y se dejaron embelesar con las cantaletas de pacotilla de la “papa nueva”, y si sus progenitores son viejos desmemoriados como los de la Democracia Cristiana, a los que ya se les olvidaron todos los desmanes que sufrieron a manos de la soldadesca perredista, puede instruirse acerca de la naturaleza y métodos de la tiranía con la lectura de La fiesta del chivo, de Vargas Llosa.)
Cuando la asamblea representativa se deja usurpar la función Legislativa se emascula a sí misma. Se convierte, entonces, en una asamblea de eunucos: de individuos que no sirven para el propósito fundamental para el que fueron instituidos. Las asambleas de eunucos no proveen ningún bien a la sociedad en que están inmersas y son fuente de ignominia perpetua para sus miembros. Los pueblos terminan por repudiarlas.
En un país tropical, de cuyo nombre no quisiera usted acordarse, hay una asamblea de eunucos. Sus integrantes no tienen reparo en permitirle al Ejecutivo usurpar la función Legislativa cuando a éste le plazca. Efectúan la entrega a cambio de favores, lo que los convierte en eunucos prostitutos. No les importa renunciar a su misión fundamental, en contraprestación por las migajas que les tira el Ejecutivo -como a perros- para saciar su hambre y sed de reelección.
Todos actúan de la misma manera, tanto los del oficialismo como los de la llamada “oposición”. El día de la más reciente entrega -hace tan solo unas semanas- ninguno abrió la jeta para objetar la usurpación de que fue objeto el país por parte de un Ejecutivo depredador y rapaz. Es que tenían el hocico ocupado y -ya lo sabe usted- es mala educación hablar con la boca llena.
Su desfachatez sin medida, amparada en una disposición constitucional que -sin tener ni pies ni cabeza- les permite delegarle al Ejecutivo ciertas “facultades extraordinarias”, ha puesto a aquel país en un nuevo grave aprieto. Pues resulta que, aprovechándose de la patente de corso que la asamblea de eunucos le ha entregado, el gobierno ha dispuesto imponer una serie de “leyes” (en realidad “decretos” u “ordenanza”") que violan las garantías fundamentales, crean una red de sapos y someten a la sociedad a la influencia perniciosa del militarismo. Se trata de medidas dirigidas a afianzar la tiranía, satisfacer intereses foráneos y proveer oportunidades adicionales para el lucro a costa del erario. (¿Quiénes, después de todo, están ya en fila para proveer las necesidades materiales de los nuevos servicios, sino los abastecedores palaciegos, como el compadre Uba, el ex ministro Butano y otros semejantes?)
Intuyo que los ciudadanos de ese país no se van a aguantar esta nueva vejación de un gobierno expoliador y una asamblea de eunucos. El público ha comenzado a manifestarse -y sigue manifestándose- con energía y determinación contra las pretensiones de los mandantes de retornar a un pasado de atropellos y ultrajes, en que no había seguridad para nadie. Definitivamente, llegó la hora de reactivar la resistencia civil.
P.S.: Hoy miércoles, 6 de agosto, habrá una nueva vigilia en defensa de nuestros derechos y garantías fundamentales y contra la militarización. Tendrá lugar a las 5 p.m. en la iglesia del Carmen. No deje de asistir.
El autor es catedrático de ciencias políticas y fue director general de Política Exterior
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