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Panamá, martes 5 de agosto de 2008
 

crisis económica de estados unidos.

Un aterrizaje forzoso

Gustavo A. Valderrama R.
opinion@prensa.com

John Maynard Keynes, el padre de la macroeconomía tal cual la conocemos hoy, definió el término “Trampa de Liquidez” para aquella situación en la cual la depresión y la incertidumbre, no permiten que las tasas de interés sean suficientes para coordinar la actividad entre los ahorradores e inversores. Keynes argumentaba que en esta situación, la política monetaria expansiva (bajar tasas), tendría poco o ningún efecto sobre la actividad Económica. Cuando Keynes concluyó de esta forma, Estados Unidos estaba sumergido en la mayor depresión de la historia económica; sus conclusiones eran que una insuficiencia del gasto, producto de la incertidumbre y expectativas negativas, solo podrían ser revertidas por la participación de un ente que asumiera la condición de “generador del gasto”. Para él, esta función debería recaer en el Gobierno.

Esta introducción algo compleja, nos evoca a una realidad pasada, provocada por la pérdida de la confianza; y es que para aquéllos que aún dudan, la peor enfermedad que puede sufrir una economía, es la pérdida de la confianza. Cuando esto ocurre se generan expectativas que desembocan en las llamadas profecías autocumplidas (efecto Pigmalión). Cuando la Reserva Federal (Fed) dramáticamente decidió revertir la política monetaria y reducir las tasas de interés, aun por encima de sus objetivos iniciales, dio el puntapié inicial; ahora bien, no se confundan, no decimos que actuó mal, simplemente rompió la regla número uno de la confianza, “no contradecirse” y menos públicamente.

Luego por encima de sus creencias volvió a quebrantar otra ley, no dudó en ser prestamista de última instancia y peor aun, decidió abrir su ventanilla de atención a los bancos de inversión (sin precedentes). Luego a pequeños intervalos de calma, las sirenas vuelven a sonar y ya no solo es la Fed, ahora también el gobierno tiene que participar, salvar liquidaciones hipotecarias y modificar la política fiscal devolviendo dinero a los contribuyentes para incidir sobre el gasto, (como Keynes sugirió). En esta serie de medidas lo único que ha sido coherente es la reaparición de la inflación; Y es que no importa cuánta energía gaste la Fed, cuánto dinero se inyecte, no importa cuánto se bajen las tasas, la desconfianza ya es un pasajero en primera clase de ese vuelo.

Todo no sería tan dramático si con estas políticas, Estados Unidos no se viera tan diezmado, con un déficit fiscal elevado, con un dólar tan devaluado y con políticas monetarias expansivas.

Pero, ¿Cuándo acabará la tormenta? La respuesta es complicada, y así como dijo el famoso economista Milton Friedman: “No existe tal cosa como un almuerzo gratis”, sabemos que tarde o temprano la factura llegará. Y es que el simple hecho que la economía estadounidense no supo detectar los incentivos perversos que se generaban para los inversionistas llevándolos a sobrevaluar inversiones que hoy día son cuestionadas, nos dice que la salida del grueso atolladero solo llegará cuando se decida eliminar la incertidumbre. Esta tendrá un efecto directo sobre la riqueza de Estados Unidos.

La Fed, como lo hemos dicho en otras ocasiones, solo tiene un camino: revertir la Política Empobrecedora del Vecino y comenzar a elevar las tasas de interés, que inicialmente tendrá la función de limpiar la economía.

Para Panamá, por ejemplo, es obvio que elevar las tasas en Estados Unidos reduce la dinámica mundial, afectando directamente a sectores nuestros muy representativos como por ejemplo: las exportaciones no tradicionales, turismo, puertos, cargas y tránsito por el canal. Finalmente solo me queda un consejo por decirles: por favor ajusten bien los cinturones que el aterrizaje será forzoso.

El autor es economista
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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