La destrucción de áreas boscosas y manglares parece no tener fin. Debemos tomar conciencia de hasta dónde nos llevará cada nuevo proyecto que acaba con un nuevo pedazo de la naturaleza. Al jugar con el delicado equilibrio natural, estamos viendo las lamentables consecuencias climáticas que se están desencadenando.
Un fallo reciente de la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia, relacionado con los trabajos que se hacen en una mina a cielo abierto que ha sido constantemente denunciada, abre la puerta a sanciones que deben ser ejemplares.
Las amenazas por contaminación en ríos y tierras son alarmantes, y el Estado, sin banderías políticas, debe ser enérgico y ejemplar ante los peligros en ciernes. Olvidémonos de los contratos y sus padrinos, y pensemos más en el país que estamos legando a nuestros hijos, que vale mucho más que cualquier favor pasajero. |