Un antes y un después
Campo Elías Estrada
cestrada@prensa.com
OPINIÓN. Ojalá que alguna vez podamos hablar de un antes y un después de Anaprof, cuando se “profesionalice” el fútbol doméstico como planea hacerlo la Federación Panameña de Fútbol (Fepafut), y que en un futuro, suponiendo que no muy lejano, todos coincidan en que el después de Anaprof ha sido para bien.
Pero a estas alturas es muy prematuro hacer un diagnóstico de lo que le deparara el futuro al fútbol panameño en su campeonato local cuando pase a manos de la Fepafut, que, sin embargo, fue una posición importante y oportuna, porque por fin se ve una preocupación -pensemos que sea real- de la federación por mejorar a este enfermo que ha venido remando contra la corriente y haciendo fútbol en un ambiente desfavorable y en un terrenoárido.
Cuando Anaprof comenzó a jugarse, siempre se pidió el apoyo de la empresa privada, del Gobierno y de la misma federación, para que se preocupara más de la organización. Veinte años después, pareciera como si las súplicas estuvieran llegando al cielo. Primero el gobierno de Martín Torrijos se lo ha servido todo en bandeja a la dirigencia del fútbol con la construcción de canchas y mejoras al estadio Rommel, como para que se comience a pensar en grande. Más adelante aparece la Fepafut hablando de profesionalizar el fútbol, de tomarse la dirección de lo que hoy es Anaprof, para una transformación de este deporte.
En veinte años de los torneos de Anaprof los jugadores hicieron su parte, la más difícil de todas, jugando en potreros que en un momento sirvieron para hacer fútbol. De allí salieron buenos jugadores al exterior, algunos que han mejorado su calidad de vida y que cada cuatro años hacen que el estadio se llene en las eliminatorias mundialistas.
La ironía de todo este sacrificio que han hecho los jugadores, es que en la vida real los futbolistas no se ven recompensados porque en Panamá aún ellos no pueden vivir del deporte que tanto los apasiona, sumado a la falta de apoyo del público que poco asiste a los estadios, sea por la razón que fuera.
Pero habrá que tener presente que más que profesionalizar este deporte la idea medular tendrá que estar centrada en convencer al fanático de que el campeonato que se juega acá es bueno. Es un trabajo mancomunado de todos, principalmente de la futura dirigencia de la federación, que tendrá que trazarse un objetivo serio para que la consigna de profesionalizar este deporte sea real y no se quede únicamente en el cambio del nombre de la Anaprof.
Si de verdad se ven las intenciones de cambiar el fútbol nacional el público va a apoyar, porque lo que se quiere es un cambio de mentalidad en la parte
dirigencial.
Es un sueño que todos añoramos cuando vemos a nuestros vecinos del área contagiados con sus torneos nacionales y pensamos que el fútbol panameño merece otro tipo de suerte.
No sabemos cuánto tarde, si algún día se logrará ese sueño, pero de momento hay una idea como para comenzar a ilusionarse. De verdad o en balde.
El autor es periodista
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