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Panamá, lunes 4 de agosto de 2008
 

SEGURIDAD NACIONAL.

Por las dudas, ¿la democracia en peligro?

Antolino Herrera Castillo
opinion@prensa.com

A menudo el clima político de la urbe capitalina aparece caldeado de emociones, razones y sinrazones de la conocida marea de especuladores. Vana jerga de palabras ociosas o inútiles que solo conducen al caos y a la confusión. Por ello están los que buscan desinformar, otros deformar imágenes y reputaciones logradas a fuerza de un trabajo arduo y no pocos sufrimientos. Nos dan un buen ejemplo los políticos, que no salen del ya trillado camino de restar méritos al contendor, enlodando sus emblemas, ejecutorias y aportes a la sociedad y economía del país.

Por otro lado están quienes se preocupan por el futuro mediato e inmediato de este país.

Revuelo, desconfianza y para otros estupor ha causado la aparición del señor Daniel D. Diamante como ministro de Gobierno y Justicia. Escuché a una jefa en una empresa privada decir: “¡vea usted las cosas que hace el gobierno!”. No es que el mencionado ministro no pueda ejercer este cargo, sino que todos los ciudadanos que superan los 40 años en este país sufrimos los rigores de una dictadura que masacró a personas, mató y desapareció a otros, entre otros eventos de los que ningún mortal puede enorgullecerse. Las secuelas y traumas de estas épocas están latentes en la psique de muchos panameños. Países hermanos como República Dominicana, Nicaragua y Bolivia en algunos momentos de su historia tuvieron que lidiar con militares cruentos y violentos. Los bolivianos, por ejemplo, se jactaban de haber experimentado más de cien golpes de Estado en su vida republicana. Es fácil suponer el daño que esta inestabilidad causa en la economía, vida, esperanzas y sueños de la población. Los militares del resto de los países mencionados murieron como vivieron, de manera violenta.

Los policías, guardias, gendarmes o más apropiadamente deben llamarse guardianes del orden público, son individuos con un entrenamiento y una responsabilidad superlativa; a ellos se les capacita en el uso de armas, control de multitudes y no solamente para perseguir ladrones y contrarrestar el crimen. Al policía o soldado se le da un arma. En otras palabras, se le da el poder de matar. En países como Canadá, el guardián del orden público domina por lo menos dos idiomas. En Panamá, entendemos que hasta hace unos años, el aspirante a policía debe tener un bachillerato, lo cual es un avance en el perfeccionamiento de este cuerpo policial. El resultado de estos análisis o reflexiones nos conducen a pensar lo siguiente. No creo que ningún panameño consciente quiera o esté dispuesto a revolver el pasado. Con la experiencia del flamante general Manuel A. Noriega es más que suficiente. Es la democracia el sistema político que nos permite desenvolvernos con más libertad y eficiencia, aunque a menudo rebosa de mentiras, engaños y otros mitos.

Es necesario meditar en lo siguiente: ¿por qué algunas personas reaccionan de la manera que lo hacen cuando ven en peligro su seguridad, su libertad o justicia? Es muy sencillo, algunos no lo entienden: en esta tierra nacimos, crecimos, trabajamos y pernoctamos con toda suerte de errores; logramos lo que ha estado a nuestro alcance; disfrutamos de los mejores momentos de nuestra vida, etc. Pero lo más importante, aquí esta nuestra simiente, la semilla es la simiente. ¿Se imagina a Panamá en los próximos 50 años?

En resumen, el gendarme o guardián del orden público tiene todos los derechos, como panameño, a crecer profesionalmente, a progresar y proyectarse en sus aspiraciones y deseos, en sujeción a la ley y la Constitución política del país. Los deseos más allá de este tope, que conlleven a la dominación, subordinación, abuso de poder o autoridad sobre los ciudadanos desprotegidos e indefensos se le considera un mal endémico o enfermizo. Algunos lo llaman militarismo, otros dictaduras de gorilas. Creemos que quien piense que esto último es lo mejor para Panamá, está completamente botado o fuera de este mundo.

El autor es ciudadano panameño
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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