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Panamá, lunes 28 de julio de 2008
 

crisis alimentaria podría desatar guerra.

Panamá necesita una política agropecuaria

Arturo C. Castillo E.
opinión@prensa.com

El Fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en reiteradas ocasiones ha lanzado advertencias sobre la crisis alimentaria a escala mundial y de su posible extensión, no necesariamente por escasez de los productos básicos, sino por el alza indiscriminada en los precios de los fertilizantes y del petróleo. El director de este reconocido fondo, Jacques Diouf, ha enfatizado en que los gobiernos no pueden confiar únicamente en la fuerza de los mercados para contrarrestar el incremento de precios en los principales granos de la canasta básica.

En la República de Panamá, laimportación de algunos granos es un paliativo digno de elogiar, pero se hace pertinente aplicar medidas más agresivas en el sector productivo panameño. A manera de referencia, en la década del 70 nuestro país era deficitario en la producción de arroz y no fue hasta mediados del 80 que se estableció una política de fortalecimiento del agro y de sustitución de importaciones. Se crea al MIDA como regente de la política agropecuaria y, a la vez, instituciones tales como el BDA, IMA, ISA, IDIAP, como parte de una estrategia diseñada para crear las condiciones de un efectivo desarrollo del sector primario y así mejorar la calidad de vida de los habitantes en áreas rurales.

Con el fortalecimiento de la Reforma Agraria, también se creó la Asociación de Productores en Cooperativas y Asentamientos Campesinos para facilitar las tierras y legalizar los terrenos de los productores que no contaban con el amparo legal. Adicional, se estimuló a la Escuela Nacional de Agricultura en el sector de Divisa y a la de Agronomía, hoy, Facultad de Ciencias Agropecuarias en la Universidad de Panamá.

Adicional, se estimulaba a los productores con todas las facilidades crediticias a través de la extinta Empresa Nacional de Maquinarias Agrícolas (Endema). A inicios de la década del 80 y gracias a un plan agresivo se obtuvo un óptimo nivel de autosuficiencia en la producción de arroz mediante la aplicación de tecnologías modernas en el uso de semillas certificadas, asistencia técnica y, sobre todo, en el aspecto del seguro agropecuario. De igual manera, se estableció el muy conocido precio de sostén y apoyos para el uso de silos, secadoras y molinos en los sectores productivos del territorio nacional.

En consecuencia, las políticas del FMI y del Banco Mundial crearon en la última década una desaceleración producto de la eliminación de los estímulos a la producción de los granos básicos y otros rubros presumiendo que éstos podían ser importados a precios más bajos, obligando a nuestros arroceros a incursionar en la producción de rubros no tradicionales.

La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) reiteró que si se confirma un aumento en los precios de alimentos en 15%, la indigencia en la región latinoamericana crecerá de 68.5 millones a 84.2 millones de personas, lo que se traduce en un llamado de alerta directo a los gobernantes de la región para que fortalezcan el sector primario en sus respectivos países. Lastimosamente, los productores latinoamericanos y los de Panamá no escapan de la mala práctica del “juega vivo” que incentiva una especulación salvaje en el precio final a los consumidores, bajo la excusa de la imperante inflación en distintos rubros a nivel mundial.

En resumen, hoy más que nunca necesitamos una política agropecuaria de vuelta al campo que incluya a los micros, medianos y grandes productores, considerando que se hace inevitable intensificar los programas agropecuarios que permitan a ciertos sectores de la población tener la facultad de producir sus propios alimentos. Los grandes exportadores de granos básicos y de commodities están aplicando una política de retención de sus principales productos con el objeto de no enfrentar un desabastecimiento y fortalecer su autosuficiencia tanto de alimentos como de materias primas.

Lo anterior debe hacernos reflexionar sobre el rumbo que va tomando nuestro sector primario y de la ineludible necesidad de implementar políticas de Estado encaminadas a preservar y fortalecer nuestra soberanía en la producción de alimentos. Finalmente recordamos que los expertos vaticinan que la próxima guerra mundial será por causa de la alimentación y de los recursos hídricos. Extendemos estas reflexiones a las entidades encargadas de dirigir los destinos en materia agropecuaria en la República de Panamá.

Estudiante de Periodismo, IV Año

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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