herencia de una dictadura.
Ignominia y tributo
Marco Julio de Obaldía
opinion@prensa.com
Admiro a quienes han estudiado diferentes profesiones y son fieles a sus principios. Una profesión que desconozco totalmente y que ha de ser fascinante, es la de psiquiatra; el análisis y enigmas de ese micro-universo, me lleva a pensar en el homus erectus y sus sucesores, escudriñando la bóveda celeste. En ambos campos hay enigmas y mitos, pero se avanza.
Me pregunto, ¿cuál podría ser la reacción de un grupo de jóvenes que no conociesen la labor de sus antepasados, y todos a su alrededor, incluyendo las altas autoridades, los denigran y envilecen sistemáticamente durante dos décadas?
En 1968 un grupo de estudiantes panameños, alguno en planilla de la CIA, que estaba en la Escuela de Las Américas, decidió dar golpe de Estado y derrocar al presidente Arias, quien hacía pocos días había tomado posesión, constitucionalmente, del cargo.
La asonada debió ser bien planeada, ya que el jefe máximo tuvo inconvenientes a última hora y el golpe fue dado por un subalterno, quien prontamente fue purgado.
Nicaragua y Estados Unidos se apresuraron a reconocer el nuevo régimen. Se vivía la “guerra fría”, regímenes similares surgieron en Argentina, Uruguay, Perú, Chile y se esbozaban en el horizonte las imágenes de Nixon y Kissinger, no hay que ser zahorí para deducir de dónde venían los tiros. Comenzó la dictadura; terror por doquier, exilios, carcelazos, asesinatos, Coiba, desaparecidos, los “petrodólares” llegaron como confeti y se repitió el “pan y circo” de Calígula, incluso tuvimos su homónimo, lo del padre Gallego era, para el ministro de Gobierno, un “insuceso” y comenzó, así mismo, una campaña sistemática, ignominiosa e infame de desprestigio a nuestros próceres y a todos los gobernantes previos al 68, “nada se había hecho”, el gobierno “provisional” lo corregiría todo. Arístides Royo trajo un grupo teatral a presentar la “obra” I took Panama que denigraba y escamecía a nuestros próceres; mi familia presentó una protesta que, insólitamente, fue publicada en La Estrella de Panamá, porque la dictadura, además, controlaba férreamente todos los medios de comunicación. La pregunta que golpea en mi cerebro es: ¿qué efecto habrá tenido la difusión sistemática de esta infamia en los jóvenes del 68? ¿Habrá una relación directa entre ello y la masiva tropa y disciplina vertical del PRD?
Quien quiera reflexionar, note que en 65 años de vida independiente, la deuda pública no llegaba a 300 millones; y en 21 años, menos de un tercio, la deuda pública llegó a ocho o nueve mil millones.
Naturalmente, antes del 68 sí se había hecho mucho. Existía Punta Paitilla, Avenida Balboa y Bella Vista. Los urbanistas del IVU diseñaron Punta Paitilla, pero ni ellos ni Nostradamus podría vaticinar lo que le vendría después, con el Corredor Sur y Punta Pacífica. Los militares eliminaron el IVU y crearon el MIVI, suprimiendo el urbanismo. Por ejemplo, tenemos en Punta Pacífica un lote destinado para parque, cercado como propiedad privada, los humildes niños de San Sebastián no gozarán de él porque… bueno, ustedes saben. Punta Pacífica envía su caca al alcantarillado de Punta Paitilla y ya ha habido desbordes y el Corredor Sur envía parte del tránsito vehicular a esa urbanización. Así mismo, gran parte del tránsito pasa por Avenida Balboa y eventualmente pasará por la cinta coimera, perdón costera que me recuerda a Lon Chaney, “el hombre de las mil caras”. Punta Paitilla y Avenida Balboa han sido transformadas en una cloaca máxima para desalojo vehicular: ruido, polución, peligro, deterioro de vías ¿puede esto darle plusvalía a las urbanizaciones de Punta Paitilla y Bella Vista? ¿Podría, racionalmente, aplicárseles el impuesto de valorización? Dejémonos de caretas, que para esto está la mimética cinta; dentro de mis muy limitados conocimientos, pienso que los fondos que necesita el Estado podrían lograrse utilizando la figura del tributo que el vasallo ofrece a su señor y majestad por la gracia de Dios en señal de vasallajes, otra forma es con las “cañas huecas”. Tengo el pálpito de que alguien, en el Olimpo, puso demasiada levadura en la masa y se está hinchando peligrosamente, esto explica el retorno triunfal de los militares (creo que, como apóstoles, son 12), las facultades extraordinarias y el nuevo dogma del PRD: “¿cuál es el problema?”.
Ahora, a dormir en el túnel Compita y a soñar con los angelitos.
El autor es ingeniero y profesor jubilado
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