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Panamá, domingo 27 de julio de 2008
 

Transparencia es la Clave.

Fiabilidad de las encuestas de opinión

Xavier Sáez-Llorens
opinión@prensa.com

Mi mente no es maquiavélica para suponer conspiraciones contra mi persona por los artículos que escribo en esta tribuna de opinión. Quizás sea por ingenuidad congénita o por mi deseo de pensar que todos los seres humanos somos buenos por instinto solidario. Tampoco soy ciego a la maldad estereotipada que exhiben algunos individuos ante cuestionamientos a su proceder. Mi recordada suegra siempre me advertía: “Piensa mal y acertarás”.

Ella decía que cuando se pisan callos o se critican actuaciones, resulta previsible sufrir represalias, particularmente si vives en sociedades donde abunda mediocridad e intolerancia. Si realmente hubiese algo así de fondo, les aseguro que, lejos de achicarme, tornaría más incisiva la prosa y aplicaría aún más ganas para combatir indecencias cotidianas. A los políticos corruptos, gremialistas incompetentes, extremistas religiosos o periodistas irresponsables -mis supuestos detractores- les pediría que me ataquen solo a mí.

Es injusto arremeter contra la investigación científica porque los más perjudicados son los pacientes, el país entero y el progreso de la medicina. En congruencia con ese anómalo actuar, espero que cuando padezcan dolores, infecciones, agitaciones, dolencias malignas o cirugías, no se vacunen ni tomen analgésicos, antibióticos, broncodilatadores, quimioterapias o anestesias porque TODOS estos útiles fármacos, antes de ser aprobados y comercializados, han pasado por ensayos clínicos, tanto en sujetos ricos como pobres, idénticos a los que se conducen en Panamá desde hace décadas. Dejen el doble discurso y así quedamos todos contentos.

Entremos ahora en materia. Mucha controversia se ha generado en relación a la fiabilidad de las encuestas políticas. La técnica de encuesta es ampliamente utilizada como procedimiento de investigación, ya que permite obtener datos de manera fácil, rápida, barata y eficaz sobre una muestra de sujetos representativa de la población, para después extrapolarlos masivamente al universo en cuestión. Para que los resultados sean creíbles, se requiere una planificación cuidadosa de dicha actividad.

Los pasos incluyen identificación del problema, determinación del diseño metodológico (descriptivo, de correlación, analítico; transversal, longitudinal), especificación de las hipótesis, definición de las variables, selección de la muestra (aleatoriedad simple, estratificada, por conglomerados), elaboración del cuestionario (preguntas abiertas, cerradas, de elección múltiple), organización del trabajo de campo, colecta y manejo de los datos e interpretación de los hallazgos.

El cálculo del tamaño de la muestra es fundamental. Cuanto más heterogénea sea una sociedad mayor será su varianza poblacional y se necesitará, en consecuencia, un mayor número de entrevistados. Cuanto más precisa se desee la aproximación a la realidad, más estrechos serán los intervalos de confianza (grados de probabilidad que la estimación se acerque al valor correcto), menor el porcentaje de error y, por tanto, se requerirá incrementar la cantidad de participantes.

Para saber si los datos obtenidos son plausibles, se debe conocer los potenciales errores de la encuesta. Existen errores aleatorios y yerros sistemáticos (sesgos). Los primeros se suscitan debido al azar, ya sea porque el muestreo elegido no resulta representativo de la población de la que procede o porque no se estandariza igualdad en las condiciones de aplicación del cuestionario a todos los sujetos.

Los segundos significan, en lenguaje estadístico, que los errores aparecen por factores que dependen de la recogida, análisis, interpretación, publicación o revisión de los datos, forjando conclusiones que son sistemáticamente diferentes de la verdad. Hay sesgos de selección (debido a cómo se eligieron los sujetos), sesgos de información (debido al diseño del cuestionario, manejo de variables, consistencia en respuestas del entrevistado o influencia, voluntaria o involuntaria, del entrevistador sobre esas respuestas) y sesgos de confusión (mezcla de efectos debido al impacto de una tercera variable).

Por limitaciones de espacio, solo he discutido lineamientos generales de la metodología de una encuesta. Para que estos conceptos ayuden al público neófito a entender las razones para fallar o acertar en las predicciones, utilizaré el ejemplo de las cifras publicadas por la empresa UNIMER, para este periódico. El diseño utilizado fue tipo encuesta directa, cara a cara con el entrevistado, con preguntas cerradas (cierto, falso, indeterminado), aleatoriedad estratificada (género, edad, región, ingreso socioeconómico) por conglomerados (barriadas, secciones censales), de corte transversal (14 al 18 de junio) y limitado a áreas urbanas y suburbanas (excluyeron Darién y comarcas indígenas).

La muestra calculada, para un nivel de confianza del 95%, fue de mil 204 personas, con un máximo margen de error de +3%. Este error significa que si un candidato obtiene 50% de predilección, la cifra más aproximada a la realidad oscilaría entre 47% y 53%. Al fraccionar la muestra únicamente entre los afiliados al Partido Panameñista, esta se diluyó a 141 ciudadanos y el margen de error subió a casi 10%. Por tanto, ese 40% que apoyaba a Vallarino podía, en el peor escenario, bajar a 30%; y el 34% de Varela subir, concomitantemente, hasta un valor máximo de 44% (14% de diferencia). Si somos más rigurosos en estadística, solo un 73% de esos 141 individuos manifestó su intención de votar. Por consiguiente, las predicciones debieron basarse en 103 sujetos y el error se habría elevado a casi 12%-13% (hasta 20% de diferencia posible).

Aplaudo la disculpa pública que hizo la directiva de La Prensa sobre las cifras reportadas. En este país, poca gente se retracta y acepta equívocos. Desde mi óptica profesional, sin embargo, la culpa principal recae en UNIMER. Los expertos son los que deben alertar sobre los potenciales errores y sesgos de cualquier investigación y sobre cómo esta debe ser presentada e interpretada.

Las declaraciones del presidente de la empresa encuestadora fueron, a mi juicio, desafortunadas. Por un lado, dijo que él es más panameño que la pollera cuando lo que debe importar es la honestidad y objetividad del trabajo, no su nacionalidad. Por el otro, debió revisar y corregir la forma en que saldrían publicadas sus cifras porque el lector convencional desconoce los detalles técnicos necesarios para una adecuada interpretación. Confío en que este incidente sirva de experiencia para contar con más encuestas fiables y valiosas en el futuro. Transparencia es la clave.

El autor es médico
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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