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Panamá, jueves 24 de julio de 2008
 

SIN ESPERANZA DE TRASFORMACIÓN.

Percepción de la política en Panamá

César A. García N.
opinión@prensa.com

En nuestra sociedad la política es considerada un juego sucio, y el que participa en ella es catalogado de corrupto, mentiroso y tramposo, porque la mayoría de los políticos (politiqueros ) se ha aprovechado de cargos públicos para enriquecerse a costa del pueblo.

Esta percepción de la política tiene su explicación en la historia política y social de nuestro país, en donde muchas generaciones hemos sido gobernados por gobiernos presidencialistas y militares que han hecho de la cosa pública un botín. Esta definición, escuchada en todos los estratos sociales, es producto del desorden político institucionalizado desde hace muchas décadas, en donde el amiguismo, nepotismo y clientelismo político han prevalecido en la gestión de los gobiernos, y en detrimento del interés colectivo y del Estado panameño.

Nosotros no somos los únicos que definimos la actividad política con un criterio displicente, negativo y fatalista, muchos pueblos comparten este sentimiento de la actividad política, pero no tenemos que seguir compartiendo esa visión de la política, aprendamos de la historia y orientemos nuestro accionar de la política en la dirección correcta, como lo han logrado otros países.

En esencia, la política nace de la necesidad del hombre en la búsqueda de una organización del estado más justa, equitativa y participativa de los ciudadanos, y en contra de los abusos de la autoridad autocrática, selectiva y clasista.

Política es un concepto filosófico que se fundamenta en principios de moralidad, en busca del bien común de la sociedad organizada, y orientada a elevar las condiciones de vida tanto material como espiritual de sus asociados. Está claro que los ciudadanos, en su comportamiento práctico, considerarán esto ilusorio, idealista o una utopía, porque hasta hoy día, la política es más un juego de poder e intereses de grupos organizados, que un sistema político en busca de mejorar las condiciones de vida en bien del interés colectivo.

El problema de la política en Panamá parece ser su forma, medio y fin del sistema político en nuestra vida democrática, yo la llamaría nuestra comedia democrática, porque el amiguismo, nepotismo y clientelismo político no son componentes de una democracia, aun cuando sus defensores dirían que estamos en una democracia representativa, quizás literalmente, pero en la práctica, lo que se da es contrario al espíritu de la letra, porque la gran mayoría de sus representantes responde a los intereses de sus partidos políticos, o como ellos suelen llamar la línea del partido, olvidándose de que ellos gobiernan por mandato de la mayoría de los ciudadanos y para el pueblo.

En lo personal, pienso que nuestra llamada democracia es como un embudo: en la parte más ancha están los gobernantes, los amigos, los parientes, los acreedores del gobierno de turno; y en la parte más angosta, está el resto de los ciudadanos.

La falta de una formación filosófica de nuestra sociedad y la carencia de una enseñanza de valores fundamentados en el comportamiento del hombre en la sociedad son, entre otros aspectos, son lo que nos mantiene estancados en el desarrollo de nuestra vida política. Quizás, este pensamiento pueda aclarar mejor nuestro mensaje: “El silencio de la sabiduría le hace más daño a la sociedad, que el escándalo de la ignorancia” (Alfa Canis Majoris).

La estructura sociológica de nuestro país, viciada de antagonismo de clases en donde siempre ha prevalecido el afán del dominio secular del poder político y económico por una minoría, ha mantenido a nuestra sociedad pasiva y sometida, a través de décadas, por gobiernos mediocres, favoreciendo los intereses del statu quo.

No debemos olvidar que el hombre mediocre, siempre, hará prevalecer el establishement mientras que el hombre sabio procurará el cambio, transformación y desarrollo de su sociedad.

Hace 20 años, hubo la oportunidad, la esperanza de la transformación, pero parece que nuestros dirigentes y el resto de los ciudadanos de la sociedad no asumimos el rol que debimos para terminar con el modelo de comportamiento político heredado desde el nacimiento de la República. Después de 21 años de gobierno militar y una invasión, los líderes de los partidos de oposición se hacen del gobierno, y el pueblo lleno de esperanza, soñaba con la nueva República, pero nuestros dirigentes, ignorantes de los sentimientos del pueblo y sin una definición clara de “La historia se repite en espiral”, no cambian su conducta política, permitiendo al término de un período presidencial, que las hueste del militarismo recojan la bandera y gobiernen.

El autor es financista


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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