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Panamá, jueves 24 de julio de 2008
 

nivel nutricional panameño se recorta a la mitad.

Panamá ante la crisis alimentaria

1063609Aldo Antonio Brunette
opinión@prensa.com

El impulso de las políticas neoliberales y de ajuste estructural, a lo largo y ancho del globo planetario, ha tenido como resultado inmediato, que millones de campesinos abandonen su forma tradicional de producción, la cual estaba concretada en la siembra de granos, llevándolos hoy a la dependencia de exportaciones de frutas, flores y agrocombustibles, destinados a los mercados industrializados, los mismos que acaparan la riqueza total del planeta.

“Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la crisis alimentaria que galopa en el mundo, ya ha golpeado a 52 millones de personas solo en Latinoamérica. Fecunda el hambre, pues el precio de alimentos básicos se ha encarecido un 45% en los últimos nueve meses. Diciembre pasado registró el alza de precios mensual más alto en casi 20 años, según datos de la FAO”. A esto se suman los análisis del propio organismo rector, en donde se deja en claro que los cereales se encarecieron un 41%; mientras los aceites vegetales aumentaban un 60%; y los productos lácteos, un 83%.

La tendencia no retrocede, dice el organismo internacional, FAO: “Desde marzo de 2007 a marzo de 2008, el valor del trigo ha aumentado un 130%”.

Según el Programa Mundial para la Alimentación (PMA), las reservas mundiales de alimentos están en el nivel más bajo de los últimos 30 años y amenazan con el hambre a unas 100 millones de personas, “los más pobres de entre los pobres”. Unos 500 millones de campesinos empobrecidos no podrán sobreponerse al encarecimiento de la energía y los fertilizantes. Según la FAO y el PMA, la crisis alimentaria afecta de manera directa a más de 850 millones de personas en África, Asia y Latinoamérica, principalmente, aumentando las cifras de hambre y desnutrición, condición mayormente marcada en niños y ancianos. “Si sabemos que en los países pobres, el trigo, la soya, el arroz y el maíz son la base de su alimentación y que, en los últimos 12 meses, el precio del trigo subió 130%; el de la soja, un 85%; y el del maíz, un 35%; mientras que el arroz lo hizo en un 71%, no nos puede sorprender que el mundo enfrente una grave crisis alimentaria, superior a los períodos de postguerra.

El arroz pasó en pocos meses de 300 dólares la tonelada a unos mil 200 dólares. El PMA evaluó en un 55% el aumento de los precios de los productos alimenticios desde junio de 2007 y algunos expertos estiman que esta cifra llega al 70%”, señala el economista Marcel Claude.

Actualmente los stocks de alimentos se estiman en 405 millones de toneladas, que representan más o menos el consumo mundial de dos meses. Todo esto lleva a la especulación. Este es un fenómeno que afecta a todas las materias primas, y por cierto a los alimentos. Muchos de los capitales flotantes, especulativos, fondos de todo tipo, que se invertían en minerales y petróleo, han pasado ahora a invertirse en cereales”. Y nos dice Marcel Claude: “La especulación ha elevado los precios del petróleo, precios que a su vez inciden en un aumento del costo del transporte de los alimentos, costos que son transferidos a los consumidores finales. Hay otros más, como el aumento del consumo de carne en India o China. Para producir una caloría de carne se necesitan siete calorías de cereales. Por tanto, una buena parte de los cereales que se consumen en Occidente hoy no se destina al consumo humano, sino a alimentar animales.

“En la medida que nuevos países aumentan su consumo de carne, aumenta también su demanda por cereales”, nos termina advirtiendo el economista Claude.

En Panamá, las comunidades rurales y urbanas están comprando menos comida que hace 24 meses, lo que significa que su nivel nutricional, que es muy bajo, se ha visto recortado a la mitad. La situación llega a los sectores denominados capas medias con ingresos superiores a los mil dólares, cuyos presupuestos destinados a la compra de alimentos y artículos básicos para la vida, se ven reducidos por los altos costos. Esta realidad es parecida a la de los obreros de los países de alto desarrollo, cuyos habitantes ahora invierten 5% más de sus ingresos en comprar alimentos, o sea que gastan mucho más que antes para tratar de adquirir la misma cantidad de alimentos que se presupuestaba.

El autor es economista-investigador


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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