La educación es, de lejos, el eslabón más importante para que Panamá pueda salir del subdesarrollo. Es una lástima, entonces, que sea también el anillo más débil.
Un reciente estudio de Unesco revela, por ejemplo, que a pesar del inmenso presupuesto que se destina a la educación, el 40% de las escuelas del país no cuenta siquiera con agua potable y que el 50% tampoco tiene suficientes baños.
Fácil sería condenar a los gobiernos que han fracasado rotundamente en rescatar la educación oficial de su triste situación. Pero, a la par de la responsabilidad estatal, los educadores y los padres de familia también tienen que compartir el fracaso de nuestro ya colapsado sistema educativo.
Es hora de que maestros y profesores asuman también el liderazgo para revertir una tendencia dolorosa en su campo. Gobierno, educadores, acudientes y estudiantes deben convocar a una tregua, pues lo que estamos experimentando es un suicidio colectivo que nos condena a vivir bajo la esclavitud de la ignorancia. |