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Panamá, miércoles 23 de julio de 2008
 

VIENE DE LA 1B. DIVERSIDAD Y PROPUESTAS.

Del mar al plato

Entre los peces de agua dulce, el surubí del Paraná es extraordinario por su sabor, tamaño y textura.

LA PRENSA/Ana Alfaro
EJEMPLO. Cangrejos azules de la bahía de Chesapeake ya cocidos y sazonados con su tradicional Old Bay.1062824
Ana Alfaro
Especial para La Prensa

vivir+@prensa.com

Por favor, no me pongan a elegir entre un crab cake de Baltimore y un pastel de jaiba de Santiago de Chile, ya que para mí, uno de los puntos álgidos de visitar el país del sur, además de sus estupendos vinos, son sus exquisitos mariscos (las fotos de la portada las tomé en el mercado central de Santiago) y además de sus abalones, absolutamente adoro sus machas, conocidas en inglés como razor clams.

Recientemente, en conversación con don Alfonso Larraín, el presidente de la viña Concha y Toro, me relamía cuando trajo a colación lo mucho que le gusta el erizo, manjar sin parangón de las aguas chilenas.

Sí, por supuesto, hay otros países famosos por comer erizos también –puesto que en sus costas viven los dolorosos bichitos (espérate hasta que hayas pisado uno)– como Japón y Francia, y aunque en Panamá también hay, en la costa caribeña, no sé por qué no los explotamos.

Pero, no obstante, sí que estoy de acuerdo en que el erizo no es un animalito universalmente apreciado, tiene su gente. Y así como antes no comíamos pulpos ni calamares, todavía es difícil ver la raya en un menú, y eso que en Francia, la raie au beurre noisette (raya con mantequilla negra) es toda una exquisitez. Por el momento, yo me quedo comiendo mis mariscos locales: mis cambombias en leche de coco y mis langostas que aunque no tienen las pinzotas esas divinas de las de Maine, tienen mucho más gusto en la carne de la cola.

ĦAh!, y sigo la guerra contra las baby lobsters. Para que no te echen un cuento: si la cáscara no tiene pequitas, no es más que una langosta normal, que ha sido indebidamente pescada antes de llegar a la madurez. Todo es nivel de costumbre y cultura y, sí, qué rico disfrutar de las riquezas de nuestras costas, pero hay que hacerlo con respeto.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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