Atrás quedaron las promesas del hoy presidente, Martín Torrijos: “La transparencia –decía– en el manejo de la cosa pública es el deber de quien recibe el mandato para gobernar. Esta es nuestra forma de ver la administración pública”. Pues ahora están ciegos, porque si hubiese tal obligación, no estaríamos en este trance.
Las recientes reformas a la Ley de Contrataciones Públicas solo promueven el oscurantismo. La promesa de Torrijos en su plan de gobierno de 2004 resultó ser otra gran patraña: “Revisar y simplificar la ley de licitaciones públicas para garantizar la más completa transparencia, y para asegurar y estimular la competencia real y equitativa”.
¿Qué competencia puede haber en compras directas? Lo que pasa es que en las postrimerías de esta administración, el oro que bañaba sus promesas ha desaparecido y ahora lo que reluce es el verdadero material del que fueron hechas: de cobre, como el de las minas de Petaquilla. La quintaesencia del PRD muestra su cara más temida. Pero ya no importa, creen que los próximos comicios le lavarán su cara sucia y enlodada. |