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Panamá, martes 22 de julio de 2008
 

más escuelas, menos cuarteles.

¿Educación para qué?

Roberto Arosemena
opinión@prensa.com

Se educa para llegar a ser mejores. Es el privilegio de nuestra especie simbólica, histórica y sobre todo biológica. La educación humana es lo mismo que la cultura plural, múltiple y polifacética que se impone en cada nación estado. Cultura es el resultado del cultivo humano como proceso educativo constante y renovado.

La primera educación que recibe el ser biológico en el mundo es la maternal. La nodriza, que permite el destete de las familias poderosas o esos cuidadores de niños conocidos como pedagogos, no están al alcance de los pueblos emigrantes hacia el paraíso liberal. El hecho, hasta de los vientres alquilados, es un gasto modesto del primer mundo, en comparación con lo que costaría “conducir a un niño (a)” desde que pega el primer llanto hasta que a los 25 años reciba la licencia para poder operar, autónomamente, en un mundo de acreditaciones y certificaciones. Esta educación, que empezó desde el vientre alquilado hasta la licenciatura a los 25 años, es totalmente individualizada.

Se diría que es educar para insertar al sujeto a la subcultura profesional del mundo globalizado donde, al menos, se hablan tres lenguas modernas, se tiene un medio de transporte garantizado y un plazo fijo adecuado para el despegue en un escenario holístico de competitividad.

Esta lógica educativa no se tiene en Panamá y por eso retrocedemos en dignidad y calidad de vida.

Nuestra cultura panameña, resultado de la educación formal, informal, mediática, barrial y, en ocasiones familiar, ni puede garantizar la educación para la maternidad y mucho menos la casi inexistente educación maternal (paternal) para el bebé entre 0 y 4 años.

Se tiene la cultura silvestre del que está viviendo y reaccionando al medio casi siempre contaminado por el ruido de su entorno vital. Cuando el producto de la cultura silvestre ingresa a la educación básica (6 a 15 años), ya tiene la cara pintada con la marea roja, con la impronta de la inseguridad colectiva y la delincuencia barrial. ¿Quién se ocupa de que se lave los dientes y las manos al salir del servicio? ¿Quién se ocupa de que descodifique la M de “Movistar, McDonald, o del team Martín y logre diferenciarla de la M de “Mi Mamá Me ama”.

Esos nueve años de educación básica es menos que un barniz sobre esa cultura silvestre que se está ofreciendo en nuestro país a manos llenas. Se pretende regresar a los tiempos de Belisario Porras, cuando las niñas de 12 y los niños de 14 eran tratados como adultos y enviados a la cárcel de mayores.

No sé qué tratamiento le piensa dar Delgado Diamante que califica la cultura silvestre de subcultura de inseguridad y delincuencia, a esos adolescentes que no tienen educación maternal (familiar), que desertan de la educación básica y apenas conocen la educación media y vocacional.

El problema es que los millones para la formación laboral que ofrece el Inadeh sólo sirven para el mercado, la fábrica y el empleo semi especializado y no para la formación de un ciudadano respetuoso de la democracia y los derechos humanos.

El problema de Panamá es que la educación formal no está construyendo una cultura para la paz, el discernimiento y el respeto a la ley.

El problema es que no existe un Estado docente sino un Estado coactivo que se prepara para disuadir el crimen y no para moralizar a su gente.

En lugar de la ética se promueve la criminología. En lugar de visitar al Secretario de Justicia y de Educación en el poderoso país del Norte para pedir limosnas, se visita al Secretario de Defensa de la potencia mejor armada y preparada para ejercer no las funciones de policía universal sino de celoso guardián de las armas de destrucción masiva y universal.

En lugar de tener un acuerdo nacional para la educación maternal y básica de la nación panameña, se promueven consensos para poner en práctica las ocurrencias de un superministro con experiencia y formación militaroide.

Panamá necesita de un Ministro de Educación de lujo que maneje los millones de la formación laboral, los millones para garantizar la convivencia y la seguridad barrial y ciudadana y diseñe un sistema de educación ciudadana para la construcción de una cultura de paz, discernimiento y respeto a la ley.

La vieja consigna: Más Escuelas, Menos Cuarteles, no se ha entendido a nivel cultural y menos entre los dirigentes anacrónicos de los partidos.

La pregunta ¿Educación para qué? es un interrogante de sobrevivencia nacional que si no la responde un presidenciable, inteligentemente, debe ser rechazado contundentemente en las urnas.

El autor es abogado


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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