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Panamá, domingo 20 de julio de 2008
 

Escuela de las Américas.

Fantasmas militaristas

1061866Betty Brannan Jaén
opinion@prensa.com

AIX EN PROVENCE, Francia.- Leí en El Siglo que Daniel Delgado Diamante, ministro de Gobierno y Justicia, admitió recientemente que los policías panameños se están entrenando en la notoria Escuela de las Américas en Fort Benning, Georgia, pero que él incorrectamente hizo ver que eso no es nada nuevo. Para los que temen una remilitarización en Panamá, quiero aclarar los hechos pertinentes.

Lo que Delgado afirmó, según El Siglo del 8 de julio, es que miembros de las Fuerzas Públicas de Panamá se están adiestrando en la institución militar de Fort Benning (que por décadas se llamó la Escuela de las Américas, donde estudiaron Manuel Antonio Noriega y muchos otros dictadores y criminales latinoamericanos). Según El Siglo, Delgado dijo que “estos entrenamientos siempre han existido” y acusó que si alguien ve algo malo en ello, “lo que ocurre es que hay quienes ven fantasmas donde no los hay”.

Pero no es cierto que los agentes civiles panameños siempre han estado recibiendo estos adiestramientos militares y tampoco es cierto que el peligro de ello sea solo cosa de paranoia. Para que los fantasmas comiencen a tomar cuerpo, solo hay que recordar que cuando el noriegato llegó a su peor momento, en 1989, Panamá tenía más graduados de la Escuela per cápita que cualquier otro país latinoamericano, prueba contundente de que esa Escuela no enseñaba democracia.

Por eso mismo, Estados Unidos puso alto en 1988 a que los panameños asistieran a la Escuela de las Américas (que había estado en Panamá hasta mudarse a Georgia). Esa suspensión continuó por varios años después de la caída de la dictadura, por más que los norteamericanos trataran de reclutar a los policías panameños como estudiantes. Bajo el manto de la guerra contra las drogas, y ahora de la guerra contra el terrorismo, los estadounidenses han venido insistiendo en que el adiestramiento de la Escuela es adecuado, tanto policías como para militares, especialmente después de unas reformas que cambiaron el nombre de la Escuela y supuestamente pusieron más énfasis en el respeto a los derechos humanos.

Lamentablemente, los distintos gobiernos panameños se han ido dejando seducir por la Escuela. En 1995, el entonces jefe de la Policía Nacional, Osvaldo Fernández, me preguntó “¿Qué tiene de malo?” que policías panameños asistan a las escuelas militares de Estados Unidos. Lo malo, he escrito muchas veces, es que enviar agentes civiles a escuelas militares confunde lo civil con lo militar, tanto en cuanto a sus funciones como en cuanto al criterio inculcado.

En estas escuelas militares -administradas por militares, con instructores militares, y donde los demás estudiantes son militares- los panameños comenzarán a confundir sus funciones y perspectivas con las de los militares. Un aula de clases en que un civil panameño se encuentra rodeado de militares de Paraguay, Ecuador, Colombia, le mostrará claramente al panameño que él es un militar disfrazado de civil.

Sin embargo, a mediados de los 90, agentes de las fuerzas públicas panameñas comenzaron a regresar a las instituciones militares que son parte de la misma red que la Escuela de las Américas. A fines de esa década, teníamos agentes civiles panameños que habían estudiado en las escuelas menos conocidas del sistema, como el “Army Aviation Center” en Fort Rucker y el Navy Small Craft and Technical Training School en Rodman. En 1998, por ejemplo, Estados Unidos entrenó a 68 panameños en la escuela naval de Rodman, a 10 estudiantes en el Inter-American Air Forces Academy, y a 7 en el Center for Hemispheric Defense Studies.

También dio entrenamiento antidrogas a 350 miembros del Servicio Aéreo Nacional y el Servicio Marítimo Nacional. Peor aun, cifras de 2004 revelaron que los panameños estaban estudiando cosas como “inteligencia”, “operaciones militares” y “operaciones antidrogas” en la Escuela de las Américas. También estudiaron “anti-terrorismo” y patrullaje en otras instituciones militares y aprendieron tácticas de “infantería liviana” en Cerro Tigre, Colón. Así mismo, miembros del Servicio Aéreo Nacional estudiaron “búsquedas y rescates”, “fuerzas de seguridad”, “estado de derecho y operaciones militares”, y mantenimiento de aviones en varias instituciones militares de Estados Unidos.

Otros cursos de adiestramiento militar estadounidense contaron con la asistencia de agentes del Servicio Marítimo Nacional, el Servicio de Protección Institucional y la Policía Técnica Judicial.

Obviamente, todo eso ha seguido aumentando, hasta llegar hoy a niveles preocupantes, pero no es cierto que para miembros supuestamente civiles de las fuerzas públicas panameñas, “estos adiestramientos siempre han existido”. Es un paso atrás, no lo de “siempre”.

La autora es corresponsal en Washington
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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