NIÑAS de COMARCAS INDíGENAS.
Trabajo infantil doméstico
Al laborar en casas de familia, las niñas y jovencitas pueden ser sometidas a largas jornadas y a otros abusos.
| LA PRENSA/ Archivo |
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| La pobreza las impulsa a buscar otro futuro. 1060322 |
Diana N. González
digonzalez@prensa.com
Son muchas las historias de niñas que han dejado su infancia y hogares para trabajar en casas de familia en la ciudad capital. Hasta el año 2003 había 2 mil empleadas domésticas (niñas y adolescentes), de las cuales un 25% era de la provincia de Veraguas, de acuerdo con el Centro de Estudios, Promoción y Asistencia Social.
Estas cifras reflejan solo una parte de la difícil realidad en la que “los pueblos indígenas estamos inmersos para sobrevivir”, opina Darco Miranda, presidente de la Asociación de Estudiantes Ngöbe Buglé de la Universidad de Panamá.
“Me atrevo a asegurar que casi todas las personas que venimos de las áreas comarcales por nuestra condición de pobreza, hemos sido niños y niñas trabajadores”.
“Ni el tiempo ni los gobiernos hacen posible que nuestras vidas sean dignas. Si miramos hacia atrás, seguimos con los mismos problemas: falta de acceso a la salud, niños con hambre, falta de maestros, ausencia de medicinas”, comenta Miranda.
EXPLOTACIÓN
El trabajo infantil doméstico es considerado como una de las peores formas de trabajo, ya que a veces se puede convertir en una esclavitud.
Las niñas, principalmente, pueden ser sometidas a oficios pesados y a largas jornadas de trabajo, opina Briseida Barran- tes, coordinadora nacional del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil de la Organización Internacional del Trabajo.
Precisa que, además, muchas niñas y jovencitas trabajan sin remuneración o con la modalidad de servidumbre por deudas; es decir, como una “ayuda” a cambio de vestido y comida. Por otro lado, añade, este tipo de oficio tiene el riesgo de que se exponga a la niña a abusos sexuales y accidentes graves.
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