SUDÁFRICA CELEBRA A SU ‘MADIBA’. NELSON MANDELA CUMPLE 90 AÑOS.
Una persona extraordinaria
¿Cómo el líder de un movimiento que opta por la lucha armada puede ganar el Nobel de la Paz?
Al salir de la cárcel, en uno de sus actos-símbolo tomó el té con la esposa del arquitecto del ‘apartheid’.
| EFE/Archivo/Kim LudbrooK |
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| ENTREGA. Esta imagen muestra al Premio Nobel durante la segunda edición de los conciertos 46664 a favor de los enfermos de sida.1060406 |
Yasmina Reyes
yreyes@prensa.com
El hombre que nació en la realeza Tembu bajo el nombre Rolihlahla (que en xhosa significa “alborotador”), a quien un misionero le impusiera el de “Nelson”, el régimen del apartheid denominara “prisionero 46664” y su pueblo rebautizara como madiba o padre de la nación, llega hoy a la edad de 90 años respetado -casi con olor a santidad- y reconocido como adalid de la libertad y la paz.
La de Nelson Rolihlahla Mandela es una vida extraordinaria. Es la del ser humano que se planta frente a la injusticia, que se empina sobre el sufrimiento, que lo decanta y destila de él ambrosía, no hiel.
¿Cómo un hombre que lideró un movimiento que opta por la lucha armada puede erigirse en el líder de la libertad y la paz hasta hacerse merecedor del premio Nobel de la Paz?
Visto así es difícil de asimilar lo que parece una transformación radical, pero es que no hubo tal. Su meta era una antes, durante y después de pasar 27 años en la cárcel.
En 1961, cuando enfrentaba a un tribunal que podía condenarlo a muerte, en un país que etiquetaba a las personas según su color de piel, el alegato de Mandela fue: “Siempre he atesorado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que las personas puedan vivir juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal para el que he vivido. Es un ideal por el que espero vivir, y si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”. Y se le condenó a morir en la cárcel, al sentenciarlo a cadena perpetua en una de las prisiones más infames de Sudáfrica, famosa por solo dejar salir cadáveres.
22 años después, cuando el abrumado régimen –a cargo del presidente Pik W. Botha- trataba de capear el temporal causado por el repudio internacional al apartheid y al encarcelamiento de Mandela, éste rechazó una oferta de liberación condicionada a que renunciara a su lucha, aceptara un exilio y el mantenimiento del statu quo. Con su hija Zinzi envió este mensaje: “Yo no puedo y no quiero llegar a ningún compromiso con el gobierno, mientras ni yo ni ustedes, el pueblo, vivamos en libertad. La libertad de ustedes y la mía no pueden separarse”.
El mantenerse fiel a su visión le costó cinco años más de encierro. Y en 1990, cuando al presidente D. W. Klerk no le quedó más opción que liberarlo, Mandela lejos de buscar la revancha, le tendió la mano a quienes lo encarcelaron, dejando estupefactos no solo a los blancos sino también a los negros.
En lugar de encabezar una marcha hacia Pretoria para desarmar por la fuerza el gobierno blanco que ya veía a Sudáfrica sucumbir a la violencia y la extinción de los sudafricanos blancos, literalmente, le tendió la mano a Betsie Verwoerd, la viuda de Hendrik Verwoerd, arquitecto del apartheid.
En 1994 al tomar posesión como el primer presidente negro de Sudáfrica, tras la caída del apartheid, empezó su mandato diciendo: “Construiremos una sociedad en la que todos los sudafricanos, blancos y negros, puedan caminar erguidos, sin temor en sus corazones, conscientes de su derecho a la dignidad humana, una nación arco iris en paz con ella misma y con el mundo”.
Aunque se critica su incapacidad para atacar de frente la pobreza endémica de la mayoría negra, y hay quien consideró que actuó en forma autocrática y toleró en su gobierno a ministros incompetentes y corruptos, esos críticos reconocen que Mandela retuvo a las multinaciones y sus inversiones al convencerlos de que habría una Sudáfrica post-apartheid. Pero, sobre todo, no cedió a la tentación de aferrarse al poder, a diferencia de muchos otros líderes africanos que terminaron arrastrando a sus pueblos a guerras civiles y matanzas. En diciembre de 1997 abandonó la presidencia del CNA a favor de Thabo Mbeki, quien le sucedería tras los comicios de 1999. Y con su legendario humor, al retirarse de la vida pública advirtió: “No me llamen, yo los llamaré” .
Mandela, el hombre a través de sus palabras
— “El ‘apartheid’ es el dominio de las armas y los verdugos” (Llamado del CNA de 1980).
— “La última vez que estuve en tribunales se estaba tratando mi propia condena de muerte” (Como Presidente sudafricano durante una sesión del tribunal constitucional, en 1995).
— “El racismo suele ser descrito como una enfermedad (...) lo trágico es que aún no encontramos ninguna terapia para ello”. (Cumbre antirracismo de la ONU en 2001).
— “No creemos que los problemas puedan ser solucionados con violencia, y nos esforzaremos para convencer a todas las fuerzas políticas de tomar el camino pacífico”. (Entrevista en 1993).
— “Nunca, nunca, nunca más este país maravilloso vivirá la opresión de las personas por parte de otras personas y la humillación de ser considerado un zorrillo por el mundo”.
(Discurso después de su elección como primer presidente negro de Sudáfrica, en 1994).
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