LA CINTA COSTERA.
¡Inaudito!, otra imposición más
José Antonio Domínguez
opinion@prensa.com
Este gobierno se ha caracterizado por sus imposiciones más que por la ejecución de proyectos no discutidos ni aprobados por el pueblo. Solo he visto y oído a un pueblo que clama por la mejora de su sistema deteriorado de salud pública, falto de medicamentos que ya muchas muertes ha traído y para la que el gobierno siempre ha tratado de salirse con alguna excusa barata. A un pueblo que clama por el deteriorado sistema de educación donde ya no solo se trata del deterioro, sino inclusive del alto grado de corrupción. Pero también a un gobierno que le saca el cuerpo a estos problemas y se dedica a lo que les conviene a ellos y no al pueblo.
¿Qué han hecho luego de tantas y tantas informaciones vertidas sobre el proyecto de la cinta coimera? La respuesta es muy sencilla: No se ha hecho nada y todo sigue su curso. El proyecto en mención no nació, pese a que han tratado de hacer ver lo contrario, de un estudio minucioso y bien elaborado. Nació de una improvisación que a mi parecer no tenía otra intención que la de rebusca inescrupulosa de los altos dignatarios nuestros.
Con un simple estudio se puede dar uno cuenta de que el gran flujo vehicular que causa los grandes tranques en ese sector se da solo en las horas de entradas y salidas de labores y que la mayoría de ese tráfico no es del sector, sino de los vehículos que fluyen hacia el interior del país y viceversa.
Decía un doctor en ingeniería: “Es siempre más barato hacer las cosas bien hechas que hacerlas mal o de manera improvisada”. Aquí lo vemos claramente. No era necesario llevar el flujo vehicular hacia la Avenida Balboa. Si se hubiese construido bien el Corredor Sur, desde el principio, eso no hubiese pasado. El Corredor Sur debió llegar hasta casi empalmar con el puente de Las Américas. Pero el juega vivo panameño le permitió a la concesionaria dejarlo hasta donde a ellos les convenía.
Si el gobierno había decidido invertir en esta locura “coimera”, mal que bien hubiese podido realizar el tramo faltante del Corredor Sur (vía sobre el mar) y darlo de uso público gratuito desde el puente de Las Américas hasta empalmar con el Corredor Sur en Atlapa. Eso de seguro hubiese costado muchísimo menos de lo que se está invirtiendo en la “cinta coimera” (por debajo de los 120 millones). Además hubiese mantenido ese flujo vehicular fuera del área residencial del sector, evitando así los grandes tranques que vemos todos los días.
Otra prueba de la improvisación de este proyecto, es que nunca se mencionó este nuevo tramo que ahora pretenden imponernos. Esto como un resultado de nuestras críticas a esa improvisación, ya que no se había analizado cómo se iba a resolver el tráfico en la entrada y salida de esta “cinta coimera”. Lo peor de todo esto, es que el costo de esta inversión, pretende el ministro de Obras públicas (MOP) pasárselo a los “congos” residentes de la Avenida Balboa, basándose en el tema de valorización. Lo más cómico es que al padre de este engendro (Benjamín Colamarco) no le tocará pagar ni un centavo, resulte efectivo o no su invento. ¿Qué pasaría si en efecto esto no diera los resultados que se supone? ¿El gobierno piensa indemnizar a estos residentes por los daños, inconvenientes causados, etc.?
¿Podríamos nombrar tan solo una sola estructura en manos del MOP que esté en perfecto estado, luego de dos o tres años de construida? No solo es difícil responder a esta pregunta sino que muchos dirán que pueden nombrar muchas obras que han colapsado, están casi destruidas, etc. Pues bien, imaginemos lo que puede pasar con un túnel de casi un kilómetro de distancia y con todas las infraestructuras y estructuras sobre ese túnel. ¡Dios no agarre confesados! Si nos dejamos imponer esta nueva locura, cuyo costo ya dijeron se estima en unos 110 millones de dólares, no lloremos mañana por la falta de medicinas, por los colegios sin equipos; en fin, si permitimos que se malgasten nuestros dineros con proyectos improvisados, entonces debemos prepararnos para seguir pasando por las calamidades a las que estos inescrupulosos pretenden llevarnos.
El autor es ingeniero civil especializado en transporte
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