BONOS DE AYUDA.
Por unos dólares más…
1060419Manuel Lobo R.
opinion@prensa.com
El Gobierno anunció, a bombo y platillo, un aumento de 15 dólares a los 35 que ya se repartían a las comunidades del área Ngöbe Buglé, haciendo un total de 50 dólares de apoyo económico para los panameños de esta región. Nadie en su sano juicio puede oponerse a que los más pobres y necesitados reciban ayuda del Gobierno para intentar resolver los problemas socioeconómicos que enfrentan diariamente.
Sin embargo, este anuncio se hace sospechosamente cuando el partido político que soporta al actual gobernante está en plena agitación electorera y a menos de un año para la realización de las elecciones generales de mayo de 2009. Lo menos que puede generar esta medida son “suspicacias”, dado que todos conocemos la habilidad del PRD para utilizar cualquier recurso disponible para mantenerse en el poder. Ya lo demostraron al ser el brazo político que sostuvo a los militares durante la dictadura militar que gobernó nuestro país por 21 años.
Regresando al tema del bono económico, el gran dilema es si esa es la respuesta que debe brindar el Gobierno a los panameños que –aún en pleno siglo XXI y al lado del gran crecimiento económico que se pregona, sufren una gran desigualdad en los servicios de salud, educación, alimentación, tecnología y muchos otros factores claves para el desarrollo. Exactamente en el mismo sitio donde se reparten los “dólares” persisten grandes desigualdades sociales. Basta comparar el índice de desarrollo humano entre estas regiones y la ciudad de Panamá y se encontrarán notables diferencias en detrimento de éstas comunidades indígenas. En la ciudad este índice es de 0.8 y en las regiones comarcales apenas llega al 0.4 La deserción escolar, por ejemplo, sigue siendo alta en estos pueblos provocando una gran cantidad de niños que trabajan fuera del hogar
La atención profesional del parto, indicador vital para el futuro de la madre y el niño es de 80% en estas regiones, mientras en las áreas urbanas se acerca al 100%. La tasa de mortalidad general de nuestro país es de 4.2 por mil habitantes, mientras en estas regiones es en algunas zonas hasta 50% mayor. La esperanza de vida en el país al nacer es de 76 años, en las regiones indígenas apenas supera los 65 años. La tasa de mortalidad infantil es según cifras del Ministerio de Salud de 14.9 por mil nacidos vivos en el país, en las áreas indígenas es mayor de 20.
Mientras en la ciudad de Panamá las principales causas de muerte son los tumores malignos, enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, en las comarcas son las diarreas, gastroenteritis, tuberculosis, neumonías y desnutrición; causas que son prevenibles. La tasa de mortalidad en menores de uno y de cinco años es mucho mayor en las regiones indígenas que en las ciudades. Las muertes maternas alcanzan a nivel nacional el 0.4 por cada mil nacidos vivos, pero en estas comunidades casi las dobla. Ocho de cada 10 niños indígenas sufre algún grado de desnutrición. Cerca del 40% de la población panameña vive debajo de la línea de la pobreza y el 17% en pobreza extrema y mucho mayor en áreas indígenas. ¿Intenta acaso el Gobierno resolver esto con bonos de 50 dólares?
La mejor y más científica manera de valorar los efectos de una política de social de cualquier Gobierno o Estado lo constituyen los indicadores de salud y el índice de desarrollo humano. Estos indicadores nos señalan si nuestras acciones en salud, educación, agricultura, etc., cumplen los objetivos trazados. Está demostrado que para cambiar de un valor negativo a positivo de estos indicadores se requiere mucho más que aportaciones monetarias a las comunidades. Se necesita implementar adecuadas políticas a largo plazo en salud, educación, seguridad alimentaria y agropecuaria, tecnología, etc., para lograr los cambios requeridos.
¿Conocen ustedes, amables lectores, en cuánto han variado positivamente estos indicadores de salud después de las famosas caravanas de salud? ¿En cuánto ha cambiado el índice de desarrollo humano de nuestros pueblos pobres, después de años de repartir dinero? ¿Creen ustedes que ha mejorado su calidad de vida? Lo malo no es dar dólares, lo inconcebible es que ésta sea la respuesta o el norte del sector gubernamental para resolver las grandes desigualdades del país, que tiene un ingreso per cápita que lo coloca fuera de la lista de los países pobres, pero donde existe uno de los más altos índices de mala distribución de la riqueza a nivel mundial. El Gobierno ha captado mucho dinero, debe invertirlo socialmente de manera que los logros se reflejen a través de varias generaciones. No tratemos de curar un cáncer con una aspirina. Espero que nuestros gobernantes no abandonen a nuestros pueblos, ¡por unos dólares más!
El autor es médico
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