BUSCADOR
  Portada | Clasificados | Foros | Ediciones anteriores | Archivo | Suscripciones | Portadas PDF | Titulares por e-mail | Contáctenos
Panamá, jueves 17 de julio de 2008
 

EN BUSCA DE LA EXCELENCIA.

Diez sugerencias para mejorar la educación

Ruling Barragán
opinion@prensa.com

A pesar de muchos desacuerdos sobre cómo, para qué y en qué debemos cambiar nuestra educación secundaria, hay un solo acuerdo definitivo: cambiar el modelo educativo. A partir de este hecho, todos los interesados podemos ofrecer sugerencias que deben ser dialogadas para alcanzar un consenso. Sin embargo, en toda democracia es imposible alcanzar una solución que satisfaga a cada persona. Lo que se puede lograr es un consenso mayoritario; en esto deben concentrarse nuestros esfuerzos.

Con base en lo anterior, comparto algunas sugerencias que podrían tomarse en cuenta en torno al problema educativo: el Ministerio de Educación (Meduca) debe garantizar que, cualquiera que sean los cambios acordados, no implicarán la pérdida de empleos para los docentes que laboran y aquellos que se encuentran en formación.

El Meduca debe sugerir o recomendar propuestas, no forzarlas o imponerlas. Fundamentalmente, son los docentes, administrativos y padres de familia quienes deberían determinar el tipo de modelo educativo que quieren para sus hijos.

Los cambios que se adopten en el modelo educativo deben responder a los mejores y más aplicables estándares internacionales. Debemos adoptar los mejores modelos educativos del mundo y que podamos aplicar en nuestro medio.

Para efectos del punto anterior, los programas de intercambio profesional y estudiantil deben promoverse al máximo. El aporte que ofrecen estos programas, a través del intercambio de experiencias entre docentes y estudiantes, es de valor inestimable.

Los materiales que se utilicen en nuestros colegios –especialmente los libros– deben provenir de los autores más excelentes, auspiciados por las más prestigiosas casas editoriales.

En términos generales, es menester escoger aquellos textos escritos por los profesores más distinguidos de las mejores universidades del mundo. Textos nacionales (de historia, política y cultura nacional, entre otros) deben recomendarse, siempre y cuando suplan las carencias de textos extranjeros.

Los métodos de enseñanza, tales como los trabajos en grupo, deben promoverse más en clases. Siempre es mejor lo que producen varias mentes trabajando en conjunto que una sola. Los trabajos en grupo ofrecen una positiva alternativa a la tradicional “conferencia” del docente que, si bien es necesaria la mayor parte de las veces, luego de cierto tiempo produce tedio y agota tanto al profesor como al estudiante sin producir los efectos deseados. Peor aún, las conferencias producen efectos contraproducentes cuando no se alternan con otros métodos.

Los materiales audiovisuales (documentales y películas) deben promoverse más dentro y fuera del salón.

Vivimos una época en que las pantallas chicas y grandes se han convertido en un medio de información sobresaliente. Sería bueno que se incrementaran significativamente los recursos económicos para promover más videotecas en los colegios. La selección de estos materiales debe ser consensuada con base en criterios de excelencia.

Los turnos y horas de clases deben ser considerados no tanto en términos cuantitativos sino cualitativos. De poco o nada sirve incrementar las horas de clases, si se van a implementar las mismas cosas. De acordarse un segundo turno, este podría aprovecharse para llevar a cabo actividades ecológicas, artísticas, deportivas, y/o de trabajo comunitario, entre otras. Un segundo turno no debería utilizarse para volver a recibir clases.

No hay necesidad de eliminar cursos (filosofía y lógica, entre otros), sólo de modificar sus contenidos para que respondan a necesidades concretas y actuales.

Así pues, la filosofía, en vez de ahondar en la historia de las ideas (quién dijo qué) podría enfatizar en el análisis y crítica de problemas éticos que nos conciernen (violencia, pobreza). El estudio de la lógica contribuye a ello al comprender técnicas de argumentación claras, precisas, rigurosas y prácticas (no por medio de silogismos medievales que –tengo entendido– todavía aparecen en nuestros textos).

El asunto de la educación en valores es un punto que debería ponerse aparte de todos los cambios que se implementen, porque la enseñanza de valores no es algo que puede institucionalizarse.

Cómo ser virtuosos, justos, o felices no son cosas que se enseñan con libros, en un salón de clases y por disposición de una escuela o un ministerio. Bien se puede y debe disponer de textos sobre estos temas y propiciar diálogos al respecto. Pero eso es todo; que no se espere ni se pida más. El que nuestros estudiantes sean personas de bien es algo que depende de ellos mismos así como de otros factores que escapan a la competencia del Estado y las instituciones educativas.

La vida en el hogar, las relaciones con los amigos, las creencias y vivencias religiosas (o no religiosas), así como la manera en que cada persona experimenta y comprende su existencia en el mundo son elementos más influyentes que textos e instituciones. Es el conjunto de todo aquello y la libertad de cada persona lo que determina una verdadera educación en valores.

El autor es licenciado en filosofía


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al Cliente.
En caso de necesitar mayor información accese a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.
Corporación La Prensa: (507)222-1222
Apartado 0819-05620 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá