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Panamá, domingo 13 de julio de 2008
 

MEJORAS EN SALUD.

Un nuevo Hospital del Niño

Xavier Sáez–Llorens
xsaezll@cwpanama.net

“Los niños son la esperanza del mundo”, José Martí. “En cada niño nace la humanidad”, Jacinto Benavente.

Urge construir un nuevo Hospital del Niño. Las estructuras principales datan de más de 50 años. Las paredes tienen grietas, la humedad se filtra por doquier, el moho corroe los cimientos, la hierba crece en el cariado concreto, los desgastados cables eléctricos decoran las superficies, no hay lugar para agregar conexiones de oxígeno central y los espacios se han quedado diminutos para albergar pacientes, realizar procedimientos o ubicar a las madres que cuidan a sus enfermas criaturas. En fin, ya no hay cabida para más remodelaciones. Excluyendo el edificio de la consulta ambulatoria de especialidades y el renovado Cuarto de Urgencias, el resto de las instalaciones está obsoleto y deteriorado. Los sitios más afectados por la inexorable longevidad y uso constante incluyen salas de internación, salones de operación, recobro de anestesia, odontología, radiología, laboratorio, farmacia, hematología, genética, trabajo social, nutrición, banco de sangre, depósito de equipos e insumos, lavandería, esterilización, archivo de expedientes, oficinas docentes y secciones administrativas. Aunque, recientemente, los cuidados intensivos de niños, recién nacidos y quemados han recibido equipo valioso por parte de la Teletón 20–30, sus áreas físicas no toleran más parches. Además, todas las mañanas es una tortura encontrar estacionamiento para personal, visitas y familiares de niños hospitalizados.

Las exigencias médicas y los parámetros de excelencia hospitalaria que se requieren en el siglo XXI son muy diferentes a los estándares de décadas pasadas. Ahora, para procurar alcanzar calidad ideal en atención y máxima seguridad para los niños admitidos, se requiere disponibilidad de numerosos salones de cirugía, múltiples cubículos de aislamiento para evitar infecciones nosocomiales, equipos sofisticados para patologías complejas, trasplantes para diferentes órganos, amplios lugares para actividades de educación, cultura y recreo de los niños con enfermedades crónicas, una biblioteca cónsona con los tiempos actuales y una unidad de investigación para estudio de novedosas terapias o procedimientos que mejoren el pronóstico de la población infantil que sufre injustas dolencias. Aunque el principal enfoque sanitario del país debe dirigirse al modelo preventivo, los niños enfermos deben ser tratados en instituciones con los más dignos parámetros de excelencia.

Para lograr estos loables objetivos, además de nuevos armazones, el presupuesto de operación debe ajustarse a las necesidades modernas. La administración del hospital cuenta con 26 millones anuales para funcionar, desglosados en lo que aporta el subsidio del gobierno para el año 2008 (22 millones) y lo recaudado por donaciones de la comunidad y cobros por autogestión (4 millones). Un 60% de dicho dinero se usa para pagar salarios, quedando tan solo 10 millones para adquirir medicamentos, insumos y tecnologías. Con las migajas restantes, solo se realiza mantenimiento correctivo de equipos. No sobra dinero para mantenimiento preventivo ni para invertir en mejorar, crecer y diversificar actividades. Si comparamos nuestras cifras con hospitales latinoamericanos de características similares en volumen y complejidad, mejor nos convertimos en avestruces y escondemos el cráneo. El presupuesto del Hospital Infantil de México maneja más de 100 millones de dólares anuales (90 millones dados por el Gobierno federal y el remanente obtenido por cobro de servicios, donación privada y diligencia del Patronato). En sus pasillos laboran 90 médicos de planta, 110 residentes de pediatría, 205 residentes de especialidades clínicas y quirúrgicas, 634 enfermeras y 50 profesionales dedicados exclusivamente a investigación (que envidia). El Hospital Nacional de Niños de Costa Rica dispone de, aproximadamente, 45 millones de dólares, todos dados por la Seguridad Social como parte de su sistema único de salud (más envidia) y acaban de recibir una partida adicional de 25 millones (15 de la SS y 10 de aporte privado) para construir una torre para cuidados de pacientes críticamente enfermos.

Pese al escuálido presupuesto asignado al Hospital del Niño, nuestra institución es, sin duda, el centro sanitario estatal con mejor imagen pública. Esta cualidad se debe a dos factores fundamentales. Por un lado, a la mística de trabajo que ha desplegado todo el personal durante décadas, aun bajo penosas dictaduras y administraciones. Por el otro, a la presencia de un Patronato comprometido e independiente, alejado de vaivenes políticos, que ha dado transparencia a la gestión y designado directores médicos de trayectoria y reputación, el último de ellos con base en un concurso de méritos desprovisto de injerencia ministerial. Las estadísticas hablan por sí solas. La institución cuenta con 400 camas a un 80% de ocupación diaria. En el año 2007, se atendió a más de 200 mil niños en la consulta externa (550 cada día) y 14 mil recién nacidos en la maternidad (40 cada día). Un total de 15 mil pacientes (7%) requirió hospitalización. Las actividades incluyeron 6 mil cirugías, 900 mil exámenes de laboratorio, 100 mil medicamentos despachados, 35 mil vacunaciones, 56 mil charlas educativas a familiares y pacientes y 900 sesiones académicas al personal médico. En otras palabras, el rendimiento institucional por dólar invertido supera, con creces, cualquier estándar público o privado.

Apelo a la conciencia de candidatos presidenciales, empresarios, clubes cívicos y sociedad solidaria para que juntos alcancemos el sueño de tener instalaciones modernas y cómodas al servicio de los niños panameños que padecen patologías importantes. Desde hace varios años, los directivos tienen una maqueta arquitectónica del nuevo nosocomio que solo espera financiamiento para convertirla en realidad. La idea de una ciudad hospitalaria para adultos (HST) y niños (HN) que le dé prestigio al país y humanice la cinta costera sería suspiro internacional y orgullo nacional. Con tanto dinero despilfarrado en propaganda política, en patrocinios empresariales de campañas electorales, en juegos de azar, en lujos extremos, en vicios nocivos o en un sistema de salud bicéfalo e ineficiente, nada más atinado que las palabras expresadas por el poeta y filósofo libanés Gibrán Jalil Gibrán “Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños”.

El autor es médico
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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