EN BUSCA DE RESPUESTAS.
Nuevos males, mismos héroes
Rolando Aparicio O.
opinion@prensa.com
Cuando la realidad supera nuestras fuerzas y nos sentimos vencidos, cuando la realidad no nos da tregua y parecemos agotados, entonces es hora de fabricar un súper héroe. Un súper héroe capaz de vencer la inseguridad, la pobreza y la equiparación de bienes en el mundo. Y así, llevamos siglos, ocurriéndosenos historias de hombres y mujeres superdotados que siempre nos ayudan a salir victoriosos ante las situaciones de amenaza.
Últimamente, excluyendo a Hancock (Will Smith), a los creativos se les acabaron los súper héroes y no teniendo a quién fabricar, vuelven a reanimar héroes de antaño. Los Cuatro Fantásticos, el Hombre Araña, el Increíble Hulk, el Hombre de Acero y Superman… todos desempolvados después de décadas desde su último intento por salvar el mundo. De niños, nuestro único deseo por ver los dibujos animados era tras un simple argumento: el bien siempre terminaba venciendo al mal. Esto era suficiente para creer firmemente que todos los males que encontráramos en el camino podían ser vencidos, nuestros miedos superados.
En la era de los videojuegos, los niños escogen su personaje y pueden o no imponerse sobre un adversario; sin las habilidades suficientes quedan eliminados. Se puede escoger “ser malo para vencer”… un papá paga 500 dólares por una máquina que le ayuda a meterle a su hijo en la cabeza, desde muy temprano, que lo importante es ganar, no importa si para lograrlo hay que pasar por encima de los demás. Ser ladrón de autos y pandillero, pero no se alarmen, solamente es un juego.
En nuestra infancia, jamás pensamos que un ratoncito con apellido mexicano, huyendo siempre, podría tener que ver con miles de hombres y mujeres que llevan años de correr de quienes no les permiten acceder a los centros de distribución de la riqueza del mundo.
De niños, en absoluto, cuestionamos por qué después de tantos años los personajes de Disney seguían con la misma apariencia, como detenidos en el tiempo, mientras nosotros sí cambiábamos; el Pato Donald y sus amigos esperan una nueva generación de niños para mostrarles su versión de la vida.
No recuerdo, en esos tiempos, una historieta vulgar, de lenguaje soez, exhibicionista, y cuyos personajes de malos modales fueran famosos; hoy día, la cómica número uno del mundo (Los Simpsons) guarda estas características; a la par de la película más taquillera: (Piratas del Caribe) donde el héroe es un ladrón y alcohólico. Así anda la familia estadounidense, y como al sur le gusta imitar lo malo, a muchos les parece muy cercana esa manera de vivir.
Por encima de los éxitos de las películas de súper héroes, pienso que la mayoría de los espectadores no busca un rencuentro con su niñez; los hombres y mujeres adultos de hoy siguen buscando una respuesta a la vulnerabilidad de la vida.
Ahora de adultos, vemos que los súper héroes siguen teniendo poderes especiales; pero también debilidades que antes nuestros ojos de niños no percibían. Cada vez me convenzo más que la realidad de la vida va más allá de los personajes fantásticos que salvan la humanidad de una catástrofe o de las estrategias de los malvados; hoy día la vida supera con creces estos argumentos. En el mundo se siguen fabricando y vendiendo armas, los que prohíben a unos producirlas ya tienen las suyas aseguradas.
La sociedad de hoy ha entrado en una escasez mundial de alimentos, los costos de la materia prima para producir y los accesos a la formación tecnológica son cada vez más desiguales; por eso, al final de cada película nos damos cuenta, que no necesitamos un súper héroe que haga las cosas que nosotros podemos y debemos hacer. La transformación del mundo comienza con la conversión personal; ármate de valor y a trabajar. La victoria nos pertenece, juntos lograremos cambiar el mundo.
El autor es sacerdote católico
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