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Panamá, jueves 10 de julio de 2008
 

VIEJOS ESQUEMAS.

La historia se repite...

Jaime A. Jácome de la Guardia
opinion@prensa.com

Arnulfo Arias insistía en su análisis en el aforismo que dice que “la historia se repite en espiral”, incluso este es uno de los pensamientos que ha caracterizado el mercadeo de los partidos inspirados en la denominada conocida “doctrina panameñista”.

Efectivamente, la historia da cuenta de innumerables situaciones que son repeticiones de otras que se produjeron décadas o siglos antes y que demuestran que el comportamiento humano está encuadrado en esquemas que le hacen repetir momentos y decisiones.

Buscando esos paralelos, podemos recordar cómo en la primera mitad del siglo XX, Panamá era un país totalmente dependiente de las decisiones políticas que se tomaban en la Casa Blanca.

En la embajada americana se definían los candidatos a presidente y diputados, se priorizaban las políticas de desarrollo, se negociaban las capacidades de la inversión pública y se diseñaba el futuro del país.

Luego llegó la Segunda Guerra Mundial y trajo como consecuencia que Estados Unidos dirigiera su atención hacia el Asia y Europa y abandonara un poco su dedicación hacia el Istmo, situación que se repitió en casi todas las naciones del continente. A la par, los movimientos populares fueron manipulados por la izquierda patrocinada por la Unión Soviética, dando lugar al surgimiento de la subversión como fenómeno social y político.

Efecto inmediato de ello fue el descontrol político que se generó al desaparecer ese factor nivelador, surgiendo una enorme cantidad de tendencias políticas con aspiraciones electorales, y con ello, las componendas políticas, la corrupción y el deterioro de las condiciones de vida de la población.

Como efecto lógico de esta escalada de insatisfacción, y reaccionando a la revolución de la izquierda, nuestros Estados iniciaron el proceso represivo, fortaleciendo el aparato militar, hasta que este alcanzó el suficiente nivel de control, como para adueñarse del poder político.

En nuestro país, esa amarga experiencia culminó con la intervención armada norteamericana, que eliminó de facto la organización militar y el Acto Legislativo No. 1 de 1993, que incluye la proscripción constitucional al ejercito en el país.

Sin embargo, como recordaba Arnulfo, hoy estamos viviendo esa espiral de la historia, que rápida pero sutilmente nos regresa a los tiempos en que el entonces comandante Remón, sentó las bases que necesitaba la institución armada para aprovecharse del espacio y las condiciones políticas y sociales de aquel momento. Los hechos son patentes, nuestro país vive una bonanza económica sin precedentes, pero limitada al sector inmobiliario y financiero.

Por primera vez en la historia sufrimos un proceso inflacionario, producto por una parte del incremento en el precio del petróleo, pero por otra, del desmedido incremento en los tributos impuestos por el Gobierno.

La inversión pública está destinada a obras suntuosas que en nada responden a las necesidades inmediatas de las grandes mayorías, los servicios públicos de salud, educación, transporte y vivienda son cada vez más deficientes, el transporte público y la seguridad ciudadana se han deteriorado a niveles inimaginables hace unos pocos años.

Es evidente que ese descontento se agravará en la medida en que los niveles de desempleo vuelvan a subir, en unos dos años, cuando la industria de la construcción regrese a sus cauces normales. Entonces tomarán fuerza los movimientos populares, como el Frenadeso que patrocinados por la izquierda venezolana, tratarán de convertirse en un factor real de poder.

Aquí es donde termina el giro que nos devuelve al principio de la historia. La necesidad que ya vislumbra el PRD de contar con una herramienta que le asegure su continuidad en el poder a pesar de la reacción ciudadana a su ineficiencia para gobernar y la corrupción rampante que les caracteriza; la vuelta al militarismo, “El brazo armado de la Revolución”.

Las acciones están marcadas, la fusión de la PTJ a la Policía Nacional, la modificación de la Ley Orgánica de la Policía Nacional para que sea dirigida por un militar de carrera. La creación de una fuerza militar de fronteras, pero que podrá operar en condiciones especiales, determinadas por el Ejecutivo, en cualquier parte del territorio nacional, la creación de un componente nuevo fusionando los recursos de los servicios Aéreo y Marítimo Nacional y, finalmente, la reforma al Consejo de Seguridad, seguramente para fortalecer la capacidad de espionaje político.

A todo esto se suma la reciente modificación de la Ley de Contrataciones Públicas, para exceptuar del requisito de licitación, las compras destinadas a los servicios de seguridad, y la declaración del presidente de la Asamblea, quien ya vislumbra, en función del posible triunfo electoral de su partido, la probabilidad de una reforma constitucional, mediante el sistema de aprobación en dos asambleas, en la que seguramente se eliminará la proscripción del ejército, para terminar de resucitar lo que fue y desean que vuelva a ser, en el soporte armado del partido.

Lo triste de todo es que los panameños, que hace solo 19 años terminamos de padecer de una atroz dictadura militar, no vemos en los hechos que tenemos por delante, los factores intrínsecos de la repetición de la historia. Y más triste aún es que a pesar de todo el sufrimiento y el dolor que la dictadura nos dejó, no haya un solo líder de los que se llamaban civilistas y democráticos, que levante la bandera de la protesta ciudadana y mueva al país por el camino de la razón.

El autor es abogado y ex director de la Policía Técnica Judicial


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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