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Panamá, martes 8 de julio de 2008
 

POLÍTICAS ERRADAS.

Hambre causada por el hombre

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Treinta países ya han registrado disturbios por alimento en este año. El costo siempre creciente de la comida podría orillar a millones de personas a la miseria y el hambre.

En buena medida, esta crisis fue causada por el mismo ser humano: el resultado de erradas políticas de energía y agricultura. Cuando el presidente George W. Bush y otros jefes de Estado del Grupo de los Ocho países más industrializados del mundo se reúnan en Japón en esta semana que empieza, deben aceptar toda su parte de la responsabilidad y exponer claramente qué harán para encontrarle solución a esta crisis.

Para empezar, ellos deben cumplir con su compromiso de 2005 en cuanto a un gran aumento en la ayuda destinada a los países más pobres. Además, deben presionar a otros países ricos, como algunos en Oriente Medio, para que también presten ayuda. Esto no será suficiente. De manera similar, deben comprometerse a reducir, o incluso mejor, deshacerse de sus más flagrantes subsidios agrícolas y del ramo de energía, lo cual contribuye a la proliferación del hambre a lo largo del mundo.

A lo largo del último año, el precio el maíz ha subido 70%; el trigo ha registrado un alza de 55%; en tanto el arroz ha subido 160%. Con base en estimados del Banco Mundial, la combinación del impacto del aumento en los precios de comida, combustible y otras materias primas a lo largo de los últimos 18 meses le costará entre 3% y 10% de su producción anual económica a un grupo de 41 países pobres.

Algunas de las causas están fuera del control de los gobiernos, incluido el aumento en los costos de energía y fertilizante, aunado a una sequía en países exportadores de alimento, como Australia. Además, un mayor consumo de proteína animal en China e India ha elevado la demanda de granos básicos. Las estrategias erradas entre países ricos y pobres también representan un gran factor.

De éstas, quizá la más equivocada y obstinada es la maraña de subsidios, cobros y aranceles a fin de motivar la producción de biocombustibles a partir de cosechas en Estados Unidos y la Unión Europea. Con base en datos del Banco Mundial, casi la totalidad del crecimiento en la producción mundial de maíz de 2004 a 2007 fue destinada a la producción de etanol estadounidense, causando un aumento del maíz y los precios del alimento para animales, al tiempo que impulsó a los agricultores a cambiarse al maíz, por encima de otros cultivos.

Los añejos subsidios de la rama agrícola en el mundo rico también han contribuido a la crisis, arruinando a los agricultores en países pobres y deprimiendo la inversión en el sector agrícola.

Los países ricos no son los únicos culpables. Cuando menos otros 30 países en desarrollo han impuesto restricciones o prohibiciones sobre la exportación de productos alimentarios. Los países importadores ahora están acumulando reservas, lo cual se lleva más alimento de los mercados mundiales. De manera similar, las barreras a las exportaciones reducen los márgenes de ganancia de los agricultores y los desmotivan para invertir en una mayor producción.

Hasta ahora no hay indicaciones de que los líderes de países industrializados estén listos para hacer lo que hace falta. Estados Unidos y Europa se han negado a reducir sus subsidios al biocombustible o sus generosos subsidios agrícolas. De manera similar, se están quedando cortos en lo tocante a sus compromisos de ayuda.

En la reunión cumbre del G–8 en 2005, los jefes de Estado dijeron que, para el año 2010, las naciones más ricas incrementarían la ayuda anual para el desarrollo entregada a países pobres en 50 mil millones de dólares. No obstante, la ayuda ha subido en apenas 11 mil millones de dólares. Aunado a lo anterior, existe la sospecha en el sentido de que las naciones integrantes del G–8, que iban a suministrar la mayor parte de ese aumento, quieren escabullirse de su compromiso.

“Nosotros le damos la bienvenida a la promesa de Bush con respecto a la entrega de 5 mil millones de dólares en este año y el siguiente para el combate de la hambruna mundial”, pero se debe hacer mucho más. Estados Unidos aún es la más avara de las naciones ricas cuando de ayuda exterior se trata.

En una misiva dirigida a los jefes de Estado del Grupo de los Ocho países más industrializados, el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, estimó que el banco necesita 3 mil 500 millones de dólares para suministrar de inmediato ayuda en alimento, así como semillas y fertilizante, en países pobres. El Fondo Monetario Internacional y el Programa Mundial de Alimentos estiman que les hace falta otros 6 mil 500 millones de dólares en el corto plazo para ayudar a que se alimenten poblaciones vulnerables. Esto ni siquiera toma en cuenta la necesidad de inversiones esenciales en el largo plazo con miras a incrementar la productividad agrícola en naciones pobres de África y otras partes del mundo.

Como escribió Zoellick, la crisis de alimento es una prueba de la voluntad del mundo de ayudarle a los más vulnerables. Los dirigentes reunidos en Japón deben enfrentar este desafío.

Editorial de ‘The New York Times’


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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