FINES Y METAS.
Reestructuración del sistema educativo
Paulino Romero C.
opinion@prensa.com
La primera obligación de la educación es el hombre, sean cuales fueren las etapas de desarrollo que esté experimentando la sociedad. Las metas de la educación deben considerar, en primer lugar, los fines propuestos y, en segundo lugar, el análisis de la situación actual.
El análisis, si considera las metas, señala fatalmente necesidades cuantitativas y cualitativas; importa saber en qué medida pueden ellas satisfacerse, en qué medida son susceptibles de ser cumplidas. Todo dependerá, en último término, del nivel de logros que se tenga en mente, tanto en relación al individuo como al grupo social en general.
Establecidos con claridad los fines y metas, puede determinarse la forma de la expansión y el mejoramiento de la educación en el país. Fines y metas determinan la estructura del sistema escolar, su grado de articulación, correlación e integración desde todos los puntos de vista (psicológico, sociológico, económico, etc.). Ellos determinan, asimismo, la estructura administrativa del sistema; los programas, planes, métodos, material de enseñanza; formación de los maestros, directores, supervisores, administradores, orientadores, etc., y perfeccionamiento y carrera de todo el personal que labora en la educación.
Del mismo modo, fines y metas determinan las acciones a ser tomadas por el personal de la educación y las expectativas de niños, adolescentes y padres de familia, así como la opinión pública en general.
Al analizar la situación actual, deben considerarse los factores demográficos y su incidencia en el sistema educativo. La cantidad de la población por un lado, y su composición por edades y la distribución de la misma sobre el territorio nacional, por otro, determinan demandas específicas a la educación. Si se atiende toda esta problemática, se sabrá con certeza dónde deben estar situadas las escuelas y cuáles son los niveles que la enseñanza debe comprender.
Asimismo, es determinante la distribución de la población activa en actividades primarias, secundarias o terciarias, tomando en cuenta que la mayor o menor proporción de cada grupo guarda relación directa con el nivel de desarrollo económico y de productividad del país, aunque no siempre las cifras reflejan con exactitud la realidad de una nación, ya que hay que considerar también la calidad de la educación y el nivel educativo que posee la población activa determinada.
Éste es un punto clave en Panamá, pues, si bien las proporciones entre los tres grupos corresponden a un país con aceptable índice de desarrollo, las deficiencias en la educación contribuyen a que aún muchas zonas estén económica y culturalmente atrasadas. Para la planificación integral de la educación estos datos son indispensables, pues solo a través de ellos es posible saber a cuántos hay que educar, en qué niveles, en qué plazos, cómo financiar su educación y, por último, si la nación panameña puede cumplir las metas propuestas.
La demanda potencial de la educación, esto es, el total de personas que es posible educar o que deberían ser educadas de acuerdo a los valores y principios consagrados, debiera considerar la demanda real satisfecha y la insatisfecha. La primera la conocemos a través de la matrícula y las plazas disponibles; la segunda, desgraciadamente, la ignoramos, pues no ha sido posible aplicar todavía los métodos propuestos para tal fin mediante un proceso de planeamiento o planificación integral de la educación en Panamá.
En cuanto a la estructura del sistema escolar panameño, primordialmente debe puntualizarse si la actual sirve o no para alcanzar las metas propuestas, qué características tiene hoy día que limitan su capacidad para alcanzarlas y cuáles deberían ser las condiciones de un sistema escolar que permita su logro pleno. A nuestro juicio, la actual estructura de los sistemas escolares no favorece la expansión y el mejoramiento de la educación.
Y esta situación obedece, entre otras causas, a la ausencia de planificación con metas cuantitativas y cualitativas; a la carencia de unidad, integración e interrelación del sistema y de una política educacional orgánica; así como de la incapacidad del sistema para satisfacer la demanda real e investigar sobre la demanda potencial de la educación panameña.
El autor es pedagogo y especialista en planificación y administración de la educación
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