Los panameños no tienen mucha confianza en la regencia de entidades como el Órgano Legislativo: perciben a sus diputados como corruptos o creen que legislan sin considerar los intereses de los electores, sino el interés personal y partidario.
Este parece ser el caso de lo que ocurre en la Comisión Agropecuaria de la Asamblea, donde los diputados le dan prisa a la discusión de un nuevo código agrario para reemplazar uno que tiene casi 50 años de vigencia.
Tal celeridad es sospechosa, pues el tema no ha sido discutido públicamente ni figura en la agenda nacional.
Tal parece que responde al especial interés de algunos en que este se apruebe con los cambios que los diputados han introducido. Las leyes con nombre y apellido tienen muchos antecedentes en nuestra jurisdicción.
Además, los diputados parecen buscar otros fines cuyas consecuencias podrían ser nefastas, pues atentan contra la seguridad jurídica y la propiedad privada. Y sin duda, ello estremecerá a nuestros campesinos, cuya única pertenencia es muchas veces un pedazo de tierra. Jugar con la propiedad privada es jugar con fuego. |