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Panamá, lunes 7 de julio de 2008
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Culpable soy yo

Campo Elías Estrada
cestrada@prensa.com

El presidente de la Federación Panameña de Fútbol (Fepafut) terminó su relación profesional con el entrenador Alexandre Guimaraes y lo dio a conocer el martes a través de un comunicado de prensa, en el que expuso la razones de todos conocidas por las que despedía al director técnico y otra serie de situaciones sobre el partido del domingo en El Salvador, pero lo que me sorprende es que en ningún punto del documento haya dejado un espacio para disculparse con la fanaticada de la Marea Roja, porque Ariel Alvarado es tan culpable de la eliminación de Panamá como lo fue el señor Guimaraes.

Los logros que alcanzó el fútbol bajo el mandato de Alvarado hicieron que perdiera la humildad. Él pensaba que tenía agarrado el cielo con las dos manos: tres mundiales juveniles, un subcampeonato de la Copa de Oro y de las Naciones, más un equipo de legionarios de pura cepa. Pensaría que con estos elementos podría dormir tranquilo.

Alvarado abusó de la suerte que lo venía acompañando y pensaba, como muchos, que con este equipo de puros nombres se iba a pasar por arriba de los salvadoreños. Como dirigente del fútbol panameño, de la Concacaf e incluso de la FIFA, Alvarado no le preparó el camino al seleccionado nacional. Él, que siempre ha sido una persona que estuvo pendiente de detalles tan simples como el de los técnicos, en una ocasión apoyó a Guimaraes cuando decidieron no hacer amistosos y quedarse únicamente con el de Canadá.

La responsabilidad de Alvarado con esta selección tenía que ir mucho más allá que la del mismo técnico, porque a la larga los entrenadores son pasajeros, vienen y si no se dan los resultados se van. Alvarado, tal vez cegado y agrandado por los logros que venía teniendo con las diferentes selecciones, nunca llegó a considerar lo que tenía en sus manos, contaba con un excelente grupo de jugadores, con un proceso a cuestas y mucha experiencia acumulada. Pero que asimismo necesitaba pulirlos más en la recta final de su preparación. Mientras que acá se durmió en los laureles El Salvador se fogueó y aunque no convencía, los frutos se vieron el domingo negro en el Cuscatlán.

Panamá no pudo armar en el medio un equipo que le fuera compacto para sus dos partidos, por eso era determinante tener más fogueo, para haber llegado con una idea clara ante El Salvador.

Ahora, Alvarado como para desviar la atención de su fracaso, ha hecho pública su intención de elevar una protesta a FIFA por el comportamiento del público salvadoreño y el mal arbitraje, que pienso es extemporánea, porque en ningún momento él como dirigente de la Concacaf y hasta de una comisión de ética de la FIFA, previó lo que venía, porque desde el sábado se comenzó a hostigar a la selección cuando visitó el Cuscatlán.

Con antelación se conocía de la terna mexicana encabezada por Marco Rodríguez, compatriota del entrenador salvadoreño, y de lo que representa jugar en el estadio Cuscatlán ante un público hostil.

Los malos y descarados arbitrajes siempre se han dado en este deporte. El partido lo perdimos nosotros tanto dentro como fuera de la cancha. Que le quede de experiencia a Alvarado, en el fútbol hay que respetar a todos los rivales. Y más a uno que históricamente ha sido más grande que nosotros, así esté de capa caída.

El autor es periodista.


 
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