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Panamá, lunes 7 de julio de 2008
 

DERECHOS HUMANOS. EL DESTINO DE LAS FAMILIAS DE LAS PRIVADAS DE LIBERTAD.

Cuando una madre delinque

La desintegración familiar es común entre las internas del Centro Femenino de Rehabilitación.

El nuevo Código Penal da opciones para que las mujeres que delinquen estén más cerca de los suyos.

LA PRENSA/Maydée Romero
ESPERANZA. Ellis Herrera espera pronto estar nuevamente con sus hijos y poder atender -en libertad- al que viene en camino, gracias a disposiciones del nuevo Código Penal que le favorecen. Solo quiere la oportunidad de reconstruir a su familia.1054699
Ileana Pérez Burgos
iperez@prensa.com

Ellis Herrera, de 33 años, se vio involucrada en un caso de homicidio. El día que la arrestaron, hace más de 11 años, sus cuatro hijos quedaron en casa de su madre. Unos meses después, murió su padrastro, único sustento de ese hogar.

El padre de su segundo hijo y tercera hija se los llevó a vivir con él. “Pasé 10 años sin siquiera saber cómo eran; esa fue mi peor cárcel”, asegura. Mientras que su madre le dijo que ya no podía cuidar a sus otros dos hijos. “La directora me habló de las Aldeas SOS; mis hijos estuvieron en la aldea casi ocho años”, explica.

La desintegración familiar que sufrió el hogar de Herrera es común entre las madres en el Centro Femenino de Rehabilitación (CFR), que alberga a más de 500 mujeres. A esto se suma el que la pareja de la detenida eventualmente termina la relación, a lo que las internas se refieren como “bajarse del caballo”.

“De qué nos vale trabajar con los privados de libertad, cuando estamos desmejorando la calidad de la familia”, expresa la trabajadora social del CFR, Giselle Patiño. “Cuando una mujer es detenida, por lo general tiene hijos. Tiene que ver con quién deja al hijo, si con una amiga, una hermana, una abuela. Esta persona o ejerce mucha disciplina o vienen los abusos sexuales o físicos o no ejerce ningún rigor o los niños dejan la escuela o empiezan los embarazos precoces”. La preocupación por los problemas de los hijos dispara los niveles de estrés en las detenidas, convirtiéndolas en una población penitenciaria más agresiva que la masculina, asegura la directora encargada del CFR, Vielka Gónzalez de De Lora. Patiño y de De Lora explican que una de las soluciones es promover el contacto con sus hijos, a través de las visitas, el uso de teléfonos públicos, y el parvulario dentro del centro.

Herrera considera que sus hijos mayor y menor “me han salido buenos” porque durante las visitas les hablaba de estudiar y alejarse de la delincuencia. Por eso, critica que algunas internas dediquen las visitas a sus novios, en lugar de a sus hijos.

Según la directora y la trabajadora social, los programas que permiten trabajar o estudiar, contribuyen a que las internas sientan que ayudan a sus familias, pues, mediante estos también pueden reducir sus condenas, prepararse para el futuro o ganar algún dinero.

Herrera está terminando la secundaria y se le permite pasar los fines de semana con su familia. Durante estas visitas domiciliares ha renovado la relación con sus hijos, al punto que su hijo menor, que había reprobado dos años de primaria, ahora tiene promedio arriba de 4.0. Herrera incluso se volvió a casar hace dos años y pese a que aún está en prisión, decidió tener otro hijo que dará a luz en un mes.

Aspira a estar pronto con su bebé, por el beneficio de conmutación de pena que creó la Ley 28 de 2005. Este consiste en que los meses o años que la interna haya trabajado sin paga, o haya estudiado, se le reconocen como parte de su condena. En junio salieron de prisión unas ocho internas bajo este beneficio.

Además, de De Lora considera que a partir de este año podrían presentarse otros cambios “Veo con mucho optimismo el reciente código [penal] que se aprobó este año”, comenta. “Ahora el juez podrá reemplazar las penas de prisión, no mayores de cuatro años, por arresto de fin de semana, días multa o trabajo voluntario”.

La búsqueda de una solución para los hijos

La trabajadora social del Centro Femenino de Rehabilitación, Giselle Patiño, sugiere la creación de un “centro de custodia temporal” donde se atienda a los hijos de las mujeres privadas de libertad mientras ellas cumplen su condena, cuando ellos no tienen un hogar adecuado donde vivir. Insiste en que no se trataría de que el niño esté encerrado en un centro al igual que su madre. Esta idea, que fue su trabajo de grado, consiste en un centro donde los chicos vivan de lunes a viernes, desde ahí asistan a la escuela, y donde se les den sus comidas, útiles escolares, y “estén muy bien cuidados”. Este quedaría fuera del centro penitenciario, pero se les traería a ver a sus madres semanalmente, y los fines de semana se les permitiría visitar a sus demás familiares, para que no pierdan el vínculo.

Dice que de no crearse otro programa de este tipo “estamos descuidando a los hijos de las internas. Entonces, estamos tratando la problemática social [de las madres] para después ver qué hacemos con la otra que viene creciendo”. “Así nunca vamos a terminar”.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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