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Panamá, lunes 7 de julio de 2008
 

GUERRA TERMINOLÓGICA.

Para combatir a liberales y libertarios

Francisco J. Ibero
opinion@prensa.com

Advertencia: Lo que sigue puede interpretarse como consejos para la acción o como constatación de tácticas reales. Que cada quien lo interprete como mejor le parezca. Para empezar, no los llame liberales o libertarios sino neoliberales. La razón es obvia. Las dos primeras expresiones tienen una connotación positiva, mientras que la otra la tiene claramente negativa. A estas alturas, usted ya debe saber que en estos tiempos postmodernos no hay combates de ideas sino de palabras. La guerra ideológica ha dejado paso a la terminológica.

Nunca defina o explique con claridad qué entiende por neoliberalismo. Si por alguna razón se ve obligado a dar una explicación, procure que sea lo más tangencial posible, y si añade dos o tres términos técnicos, mejor que mejor. Nunca olvide que, cuanto más impreciso sea el significado de una palabra, más efectiva será como arma arrojadiza.

Atribuya al neoliberalismo todos los males que aquejan a cualquier país. Es culpable de todo. De la pobreza, porque destruye los negocios nacionales y solo crea empleos precarios. De la corrupción, porque ha creado la cultura de que el dinero es lo único que importa. Del alto costo de la vida, porque todo ha sido sacrificado al fundamentalismo del mercado. De la desintegración familiar, porque la gente tiene que trabajar más horas y no queda tiempo para la familia. Estos son solo algunos ejemplos.

Insista en que el neoliberalismo ha fracasado en América Latina, como lo prueban los gobiernos elegidos en los últimos años. No se meta en líos analizando los resultados concretos que han producido o dejado de producir los mencionados gobiernos. Lo cierto es que son más bien escasos, excepto para la “nueva clase”.

Refiérase en términos despectivos, o al menos claramente negativos, a quienes en Panamá defienden posiciones liberales. Puede decir que son individuos ricos, que solo piensan en sus casas, carros y clubes. Que no tienen la menor idea de los problemas de las clases populares. Que son los voceros intelectuales de las clases dominantes. Que tienen unas ideas sumamente atrasadas. Que quieren privatizar todo para beneficio propio. Que nunca han pasado hambre ni han tenido problemas económicos. Este es un filón inagotable. Ejercite su creatividad. Por supuesto, sea moderado en los periódicos; siempre podrá desquitarse en los correos que envíe a estos extraños sujetos.

Los periodos de crisis, como el que vivimos ahora, son ideales para nuestros propósitos. Eso sí, hay que tener cuidado. Manténgase siempre en el nivel de las generalidades. Simplemente, achaque los problemas a la globalización neoliberal, al libre mercado exacerbado y a la especulación salvaje. Note, por ejemplo, la rotundidad de la última expresión. Contra ella no hay argumento que valga.

A continuación, le pondré un ejemplo del cuidado que debemos tener incluso en esta coyuntura tan favorable. Considere el caso del profesor universitario que atribuye el aumento de los precios del arroz a la especulación de un grupo de compañías en la Bolsa Comercial de Chicago. Nuestro profesor no podía haber elegido peor ejemplo. Solo el 6% de la producción mundial de arroz se comercia fuera de los países productores. Además, la mitad la comercializan directamente los gobiernos. En esas condiciones, lo que pase en la Bolsa de Chicago tiene muy poca relevancia. No hay un mercado mundial del arroz. Hay diferentes mercados con muy diferentes características y precios.

Siguiendo con el tema de la crisis, hay que reconocer que los hechos no son demasiado favorables para el estatismo. Veamos. En ningún país del mundo existe libre mercado en el sector agropecuario. El 94% del petróleo pertenece a compañías estatales, muchas de ellas ineficientes y que han reducido por eso mismo la producción. Los gobiernos de China e India subsidian fuertemente el consumo de los derivados del petróleo. La caída del dólar se debe al exceso de emisión monetaria de la Reserva Federal y al exceso de gasto del Gobierno norteamericano. La política de biocombustibles es de los gobiernos. La prohibición o restricción para exportar alimentos es un mandato de ciertos gobiernos. No es tan sencillo dorar la píldora y endosar las culpas al libre mercado.

En cualquier caso, lo cierto es que al final de la crisis habrá un mayor nivel de intervencionismo gubernamental en la economía, y esto es lo que importa. Las medidas se presentarán como algo temporal. Pero ya sabemos que no hay nada tan permanente como un programa temporal del Gobierno. Los subsidios agrícolas de Estados Unidos comenzaron en 1933 como algo estrictamente temporal. Y por lo que parece, van a seguir siendo temporales por muchos años.

El autor es miembro de la Fundación Libertad
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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