SALUD PÚBLICA.
Un sistema bicéfalo y segmentado
1054953Ramón Betancourt
opinion@prensa.com
Me parecen acertadas algunas de las observaciones de muchos colegas que se oponen a la propuesta de unificación de los servicios de salud y es notorio que han hecho un revisión exhaustiva del anteproyecto de ley artículo por artículo, no obstante, me parece que en todos los artículos que han escrito que se oponen a un sistema de salud unificado, las críticas rebasan con mucho a las propuestas y esto, para mí es inaceptable.
Las críticas pierden rigor y fuerza cuando cierran sus argumentos con frases como “hay que mantener la autonomía de la CSS y del MINSA”, en otras palabras, se propugna por perpetuar la separación, la dualidad de funciones, la segregación, la ineficiencia, los privilegios. ¿De qué autonomía quieren ustedes hablarles a la ciudadanía? ¿De una autonomía que hasta ahora ha funcionado solo para dar sostenibilidad a un sistema segmentado, excluyente, semi privatizado y deshumanizado?
Lo que se quiere con estos argumentos es mantener el status quo y con él, muchos panameños de dudoso patriotismo, incluyendo a no pocos de nuestros funcionarios, consolidar los privilegios que les ofrece el actual sistema sanitario, mismo que de continuar como hasta ahora, asegurará una excelente pesca de beneficios, pero para muy pocos pescadores, los de siempre.
Quitémonos la máscara y hablemos de cara a la ciudadanía: basta de derivaciones de pacientes del sistema público al privado, más aún cuando descubrimos que poseen una interesante póliza de seguro médico, basta de incumplimiento de horarios llevándonos tiempo del sistema público al privado, eso también es externalización y privatización, basta de los maltratos a los pacientes humildes en los centros de atención pública de un sistema sanitario que a veces pareciera concebido para tan siniestro propósito.
Estamos cansados de ver cómo, por la mercantilización de la medicina, muchos panameños tienen que deshacerse hasta de lo que no poseen para poder costear la enfermedad de sus familiares ante la indolencia y gula financiera de nosotros, los que un día juramos que la salud de los semejantes se antepondría a todos los demás intereses. Como ejemplo, lo vivido recientemente, una huelga médica aún tibia y fresca en la mente de la mayoría de los conciudadanos y casi inmediatamente después, tambores de guerra de una nueva huelga que se costeará con el sufrimiento del pueblo. Ciertamente se obtuvieron algunos beneficios de índole salarial, que, en fin, era el interés cardinal de muchos de nosotros, pero como ciudadano hago el cuestionamiento, ¿han existido cambios de actitud sensibles posterior a la huelga por parte de algunos funcionarios hacia la comunidad, hacia los excluidos del actual sistema sanitario? ¡Ninguna!
Expresiones como “Por esos 900 dólares que me van a dar a final de año nadie me va a condicionar a permanecer hasta las 12:00 m. en el hospital, que se queden con su plata”, escuché exclamar a un colega. ¡Vaya corsario institucional ! En este país su salud, estimado lector, puede para muchos valer tanto como lo puedan costear sus bienes, su capacidad de endeudarse o su póliza de seguro, nada más.
La medicina panameña desde hace mucho tiempo y, por infortunio, está en manos privadas. Según cálculos propios la salud privada le cuesta a los panameños la suma de mil 300 millones de dólares al año, casi la décima parte de nuestro PIB, se ensaña con los pobres y las mujeres y es ocasión de empobrecimiento y subdesarrollo para el país. Uno de cada tres dólares que invertimos en salud sale del bolsillo de los más humildes, de la clase media y de uno que otro acaudalado. No obstante a esta cuantiosa inversión privada, que se suma a la pública, con lo que los panameños gastamos casi nueve dólares de cada 100 en materia de salud, nuestros indicadores sanitarios más sensibles dejan mucho que desear. Por ejemplo, aun mueren casi 20 niños por cada mil nacidos vivos (en Costa Rica mueren nueve y en Cuba, siete).
Dejémonos de propuestas cosméticas que apuntan a defender nuestro desfasado sistema de seguridad social, pongamos fin a tanta crítica estéril que no es más que el residuo de análisis divorciados de una visión realmente contextual de la situación. Si en verdad nos interesa esta nación y la salud de los habitantes, si ciertamente queremos una salud en donde podamos distanciar la atención sanitaria de los modelos neoliberales en los que prevalece el mercado sobre el Estado, propongamos de una buena vez un sistema sanitario único, modelo europeo, con financiación y provisión pública, gratuito, eficiente, de cobertura universal, pagado por impuestos, situación esta última que haría desaparecer el cansón estribillo esgrimido por tantos defensores a ultranza del modelo actual y que reza: “con ese sistema único, lo único que se va a conseguir es quebrar la Caja”. Dicho sea de paso, este argumento ha servido como baluarte defensivo de quienes lo que buscan es mantener los privilegios que trabajar en esa institución les brinda.
¿Quieren ejemplos de lo que como funcionarios hacemos y que sustentan lo que menciono? Funcionarios a las 9:00 a.m. en sus consultorios privados, la excusa: “es culpa del Estado, no nos tiene suficientes consultorios, no me están pagando el salario justo por lo que estudié, tengo que salirme antes para poder pagar mis cuentas, debo costear los costos de la clínica, etc., etc.”. ¡Vaya cinismo!
Por supuesto que nos oponemos a más privatizaciones. Cómo no oponernos a las privatizaciones del sector salud si estas ya se han infiltrado, con las llamadas organizaciones extra institucionales (hijas del modelo neoliberal denominado management competitions) hasta el primer nivel de atención, que ha constituido desde hace años la columna vertebral de nuestro frágil sistema sanitario. Todo lo anterior orquestado, estructurado y en plena ejecución con la participación y beneplácito de algunos de nuestros propios funcionarios. “No hay peor cuña que la del propio palo”.
Dejo a ustedes el cuestionamiento que queda después de este análisis: ¿a quien favorecería un sistema sanitario en donde la provisión y financiación de la atención sea pública y gratuita, de calidad en todo momento y lugar, los mejores medicamentos, la atención expedita y eficiente, con verdadera rendición de cuentas? ¿A quién favorecería semejante conquista? Sí, exactamente lo que está pensando, favorecería a todos los panameños sin distinción alguna.
¡Y a quien afectaría? La implantación de un sistema sanitario único, modelo inglés tal cual es mi propuesta, lesionaría a las aseguradoras, a la mafia de las empresas farmacéuticas y de insumos médicos, a los consorcios médicos, a las organizaciones extra institucionales, a los hospitales privados, semi privados y concertados, a los que mercadean con el dolor de los demás, a los que defendemos nuestros nichos de atención privada como nuestro máximo tesoro.
Proponemos una atención sanitaria fuerte, pública, única, universal, equitativa y justa, concepto inseparable de los actuales modelos de desarrollo humano que constituyen, hoy por hoy, la punta de lanza del desarrollo en su conjunto. Lo que tenemos, con la separación de los servicios, es un sistema bicéfalo, segmentado, con dualidad de funciones, costoso y para pobres, y un sistema sanitario para pobres no es más que un pobre sistema sanitario.
El autor es médico salubrista del Minsa
|