PINTADA DE VERDE
COINCIDENCIA. Al parecer, al juez penal Ricardo Mazza lo han agarrado con las manos allí mismo y justo en el lugar donde, tras 24 largas horas de “profundas cavilaciones”, decidió eximir de toda responsabilidad por la destrucción de varias hectáreas de manglar en Punta Chame al famoso tío.
Las pilas de expedientes sin tramitar, órdenes de conducción sin notificar y otras bellezas encontradas por el Departamento de Auditoría Judicial –que desde la llegada del magistrado Harley Mitchel a la presidencia de la Corte Suprema se ha puesto las pilas–, contrastan de forma más que sospechosa con la diligencia mostrada por el mismo juzgador en el caso de Rodolfo Charro Espino.
En ese proceso, la audiencia fue el 14 de abril y el fallo se produjo solo un día después. ¿Por qué habrá decidido el juez Mazza cambiar su habitual “ritmo” de trabajo en el caso del tío presidencial? ¿Habrá recibido presiones del más allá o se tratará únicamente de uno de los tantos ejemplos de voluntaria genuflexión frente al poder? Esperemos que las investigaciones que han ordenado los magistrados después de lo encontrado en el juzgado chorrerano aclaren los hechos y que lo sucedido se convierta en un ejemplar caso de rendimiento de cuentas.
Algo así como lo que ha prometido la directora de la Autoridad Nacional del Ambiente, Ligia Castro, con varios funcionarios que participaron en el proceso de aprobación del estudio de impacto ambiental de una empresa de bloques en Las Mañanitas, y que falsearon la información sobre el número de viviendas que hay en el área.
Pero, volviendo al caso del famoso tío, afortunadamente el sospechoso fallo fue apelado por la agencia del Ministerio Público y le tocará al Tribunal Superior revisar la actuación del ahora investigado juez Mazza quien, como recordarán, alegó que los daños al manglar “no eran irreversibles”, a pesar de que fue talado, arrasado, quemado y luego se rellenó el área con arena. “Todo reversible”, Mazza dixit.
Lina Vega Abad
lina@prensa.com
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