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Panamá, viernes 4 de julio de 2008
 

DETERIORO DE LA CALIDAD EDUCATIVA.

El cuarto ministro

1053244Juan Ramón Herrera
opinion@prensa.com

Otra docente muere producto de las pésimas condiciones laborales, la compañera Silvia Godoy, y la patria nueva hace otro cambio de gabinete, el quinto, de la “vieja patria nueva”, y pone a otro ministro de Educación que se ríe y duerme cuando no entiende los temas educativos.

Esta cualidad del ministro Salvador Rodríguez inspiró temor, porque ha manifestado que con él todo es “borrón y cuenta nueva”, refiriéndose acaso a que no respetará ningún acuerdo hecho con los docentes, estudiantes o padres de familia, como ocurrió en el IPTC de Colón.

Más de una década después de la imposición, por el gobierno de Pérez Balladares, del Plan Decenal de Educación, que pretendía mejorar la docencia con esquemas neoliberales, emulando el fracaso educativo chileno, los datos indican que aquellas reformas lejos de producir calidad produjeron la crisis en todos los niveles: politiquería en todos los estratos de la gestión educativa, y por tanto, corrupción con la consabida desatención de la infraestructura escolar que, por su efecto acumulativo, degeneró en casos como el de la fibra de vidrio.

Produjeron el deterioro de la calidad docente, al permitir entrar en el sector de formación inicial a muchas universidades privadas de pésima calidad y flexibilizar la admisión a la pública. Con más docentes egresados en formación inicial, el Gobierno buscaba tener abundante mano de obra cesante para que ésta se ofreciera al menor precio, así es como aumentó la cantidad de docentes con contrato eventual.

En materia de contenidos curriculares, las transformaciones no tuvieron una base científica al fundarse sobre estándares del Programa de Reforma Educativa para América Latina y el Caribe, ya fracasados por su mecanicismo y descontextualización de la realidad panameña. El Gobierno ha usado el fracaso de esto como punto de partida para desarrollar entidades educativas neoliberales, tipo Inadeh, cuyo objetivo es desplazar las escuelas técnicas y convertirlas en planteles de segunda categoría, según el clásico modelo neoliberal chileno, de división en clases sociales de los saberes y la red escolar.

El propio informe sobre del Estado actual del Sistema Educativo (2006) del Gobierno, señala muy poco de los aspectos críticos del sistema creado por el plan decenal: baja calidad de los aprendizajes, falta de un programa de actualización del personal docente y administrativo, elevados índices de fracasos, repitencia y deserción escolar, calendario académico reducido, políticas curriculares con contenidos recargados, desactualizados y con poca pertinencia frente a la realidad nacional.

Poco acceso a libros de texto básicos, incipiente incorporación de la tecnología, metodologías tradicionales de enseñanza centrados en el instruccionismo, lejos de una educación–investigación para la polivalencia ciudadana; ineficiente supervisión, falta de estándares de calidad y un sistema integral de evaluación del sistema educativo a partir de la realidad y actores sociales panameños. Sin embargo, aquel informe no explica las causas de esa realidad ni describe qué produjo esas condiciones socioculturales, ecológicas, económicas, psicológicas y políticas y se limita a hacer estadística sociométrica, sin establecer relaciones de las ciencias sociales propias del estudio serio del fenómeno educativo.

El gobierno actual, ahora en voz del ministro Rodríguez, quiere dar a entender una necesidad de reformar la educación pero aplicando el mismo tipo de medidas que ya aplicaron y que agravaron la crisis de la educación panameña y en otros países del sur.

El destino ciudadano de los más de 745 mil estudiantes a los que ofrece educación el sistema está en peligro. Desde 2004, la crisis ha sido manifiesta por el cambio de cuatro ministros: un doctor en educación, un doctor en psicología clínica, un profesor de historia y por último un ingeniero civil, con un pasado político nada bueno. Este último pretende hacer efectivo el plan de transformaciones educativas neoliberales, lo que pasa por reformar la Ley 47 de 1946, Orgánica de Educación, con lo que pretenden matar varios pájaros de un solo tiro: municipalizar la educación, crear las entidades de certificación de calidad docente, terminar de flexibilizar el contrato laboral, aplicar la reforma curricular por competencias y otras medidas que, directa e indirectamente, permitirán destruir la educación pública y sus principios en función de una educación para el mercado capitalista, que olvide al Estado Nación, la solidaridad y la comunidad, pero sí productora de mano de obra barata, de individuos desesperados, existencialistas e ignorantes funcionales de su identidad nacional, social y humana, a loscuales el sistema politiquero e individualista engulla y triture sin protestar.

Lo cierto es que los docentes que tenemos las herramientas de la ciencias para la lucha gremialista, no permitiremos este retroceso, a pesar de las supurantes estructuras simbólicas que locomocionan las acciones del cuarto ministro.

El autor es secretario general de la Asociación de Educadores Veragüenses


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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