Hoy amanece una nueva Colombia. Agoniza la más cruel guerrilla que ha vivido país latinoamericano alguno, y su fin se siente cerca. Es incuestionable que ayer las FARC recibieron el golpe más duro y sin precedente que se le haya propinado a ese grupo insurgente.
Fue un logro legítimo del Gobierno colombiano y su fuerza
armada, que en su lucha por reconquistar la paz planearon un impecable ataque con el que –sin derramar una
gota de sangre– hirieron las entrañas del enemigo. Nuestros hermanos colombianos deben sentirse orgullosos de la valentía de sus compatriotas y de la resistencia de su sociedad.
El infortunio vivido por cada uno de los secuestrados y el sufrimiento de todo un país sirvieron de fortaleza para lograr una operación de rescate perfecta. Lo lamentable es que
todavía quedan más de 3 mil colombianos privados de libertad. Esperamos que, de una vez por todas, los guerrilleros que aún componen a las FARC depongan las
armas y los entreguen, para que así el mundo celebre una Colombia libre y en paz. |