SALUD. hay algunas mejoras, pero persiste la precariedad en la comarca.
La esperanza de los Ngöbe
Médicos indígenas ya están en la comarca listos para ayudar, pero aún no tienen su nombramiento.
Tres proyectos de salud para la región fueron rechazados por incumplimiento.
| Especial para La Prensa/Boris Gómez |
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| APOYO. Médicos indígenas como Rufino Bejerano y Rosalba Flores son un gran apoyo para las autoridades de Salud de la Comarca Ngöbe Buglé, donde hay necesidades apremiantes.1051205 |
Boris Gómez
Especial para La Prensa
HATO JULÍ, Comarca Ngöbe Buglé
Hace menos de un año, Rufino Bejerano y Rosalba Flores solo podían leer las tristes noticias de que 41 de sus hermanos indígenas morían en la Comarca Ngöbe Buglé afectados por enfermedades respiratorias.
Ellos son dos de los médicos de la etnia ngöbe graduados en Cuba y que estaban en su año obligatorio de internado en distintos hospitales del país en 2007.
Hoy, la buena noticia para la comarca es que, además de Rufino y Rosalba, otros 10 médicos llegaron a la extensa zona para prestar sus servicios y están a la espera de que se anuncien sus nombramientos.
Sin embargo, aún hay muchas cosas por hacer para disminuir el porcentaje de mortalidad infantil y aumentar la esperanza de vida en la región.
Cifras de la Presidencia de la República, de febrero del año 2005, indican que en la comarca la mortalidad infantil es de 84 defunciones por cada mil niños, es decir, cuatro veces más de lo que se da en todo el país. La mitad de los infantes padece desnutrición y la esperanza de vida de los ngöbe buglés es de 63 años, 10 menos que la expectativa de vida promedio de los panameños.
“Me fui del lejano Cascabel, distrito de Mironó. Nos fuimos 40 de la comarca a estudiar y regresamos 26 graduados. No podía regresar con las manos vacías, y ahora puedo atender a nuestra gente”, dice Rufino.
MEJORAS
El director comarcal de Salud, Guillermo Guerra, considera que la atención ha mejorado en los últimos meses, a pesar de que hay obras que se construyeron de manera deficiente.
Citó la construcción del centro de salud de Soloy que el Ministerio de Salud no ha recibido, pues el contratista debe hacer reparaciones que cuestan por lo menos 45 mil dólares. La obra era una donación de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y tenía un costo de 100 mil dólares.
“También en Soloy y en la población de Cerro Viejo tenemos problemas con los proyectos de acueductos, y no los vamos a aceptar con deficiencias en una zona donde la población está creciendo mucho”, dijo Guerra. Lo positivo es que hay 83 puestos de salud y 12 centros locales (con médicos y enfermeras) abiertos en la comarca. “Lamentablemente, los médicos ngöbes con registro e internado aprobado no han sido nombrados por falta de presupuesto para 2008, pero esperamos que con un crédito extraordinario se les pueda incluir en la planilla gubernamental”, expresa.
MUCHO POR HACER
Mientras Rufino colabora voluntariamente con 41 médicos reservistas de Georgia, Estados Unidos, en una gira de salud, su compañera Rosalba Flores recuerda que lo más difícil al irse estudiar fue dejar a su familia y a sus hijos.
Es de Cerro Iglesias, distrito de Nole Duima. Por lo que dice se entiende que su comarca está alejada, es pobre y debe tener problemas de salud, pero es su comarca. Ella es una persona especial. Con su nombramiento habrá un médico indígena para cada 11 mil 656 personas, y tendrá mucho que hacer.
Dos años después del accidente, no hay seguridad
Algunos funcionarios de Salud señalaron que luego de transcurridos dos años del accidente en la Comarca Ngöbe Buglé, en el que perdieron la vida ahogados un odontólogo y una enfermera, no se puede asegurar que haya seguridad completa en las giras que se hacen a las zonas costeras de la comarca.
El 25 de agosto del año 2007, el odontólogo Vicente Alvarado Vásquez y la enfermera Priscila Torres Espinosa fallecieron ahogados durante una gira médica, cuando la embarcación en que viajaban naufragó mientras se desplazaba de Río Caña a Chiriquí Grande.
Guillermo Guerra, uno de los siete sobrevivientes del naufragio, admitió que no se han comprado las brújulas para los capitanes de los botes del Ministerio de Salud ni tampoco las luces de bengala, pero hay cuatro botes nuevos y el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) “nos está guiando”, dijo. “Se hace un registro y es cierto que faltan algunos insumos más, pero el Sinaproc no permite que salgamos sin chalecos flotadores”, contó Guerra.
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