EL MANEJO DE LAS CRÍTICAS.
Los taponadores en nuestras vidas
Gladys de Bernett
opinion@prensa.com
Cada vez aprendemos más de la vida, y hasta nos sentimos sorprendidos y sorprendidas de cómo hay en los libros artículos que nos llevan a pensar incluso en la semántica. En este caso específico en el significado que tiene la palabra taponadores. En el Antiguo Testamento los “taponadores” eran enemigos que atacaban una ciudad, su prioridad era la de quitar las piedras de la muralla que la protegía para luego usar esas piedras como barreras en los cursos de agua.
Al fin y al cabo, sin agua la gente de la ciudad no podía sobrevivir y tenían que salir. Entonces vemos el paralelo. Tenemos dentro un manantial de cosas buenas, un manantial de gozo, paz y triunfo. Pero muchas veces permitimos que los “taponadores” logren su cometido.
Quizás alguien nos critique, pero en lugar de dejarlos pasar, nos dedicamos a pensar en todo ello todo el tiempo, y nos molestamos cada vez más. Pronto estamos pensando: Voy a vengarme. Voy a pagarle con la misma moneda. Dice mentiras sobre mí, así que contaré todo lo que sé de esa persona, también.
En lugar de eso, mantenemos como prioridad la limpieza de nuestro manantial. Si alguien me critica y me hace ver mal ante los demás, reconocemos esa crítica como una piedra. Si seguimos pensando en ello todo el tiempo o nos molesta y buscamos venganza, quien te criticó habrá logrado su cometido. Dejó una piedra que tapona tu manantial. Ahora, el gozo, la paz y las victorias se ven impedidas y no fluyen como debieran.
En realidad, todos tenemos taponadores en nuestras vidas, gente que intenta hundirnos con sus palabras y con sus acciones. Pueden hacer el papel de amigos, pero detrás de nuestras espaldas nos romperían en pedazos si pudieran.
La forma en que podemos vencer esas críticas injustas es no permitiéndonos la idea de la venganza, ni siquiera albergar resentimiento. No nos rebajemos a su nivel hablando mal de ellos. Sobre todo, no nos pongamos a la defensiva tratando de probar que tenemos razón y que la otra persona no la tiene.
No. La forma en que derrotas al taponador es sacudiéndonos el polvo y avanzando sin dejar que nada nos lo impida. Manteniendo la mirada en el premio, en nuestras metas, haremos lo que Dios quiere que hagamos, él nos reivindicará por nuestra actitud correcta y nos alegrará por el éxito ajeno, en el momento indicado, Dios abrirá algo todavía mejor para nosotros y para nosotras.
Tomemos en cuenta que tenemos que regocijarnos con los demás porque las reservas divinas traen pruebas para ver si estamos listos o listas. Por eso, tenemos que celebrar las victorias ajenas y que el éxito de las demás personas nos inspiren. Tenemos que recibir lo útil que hay en las críticas constructivas porque las perspectivas de alguien que tiene buenas intenciones puede iluminar un área en la que debemos mejorar.
Pero es triste que la mayoría de las veces, las críticas no tengan como fin la edificación sino todo lo contrario. Si no nos la dan con espíritu de bendición, se presentan como un aguijón intencional. La críticas infundadas siempre se basan en los celos. Provienen de un espíritu competitivo. Tienes algo que otra persona quiere.
Cuando más éxito tengamos, más nos criticarán, por eso la clave sencilla es no tomarnos la crítica como algo personal.
Queridos lectores y lectoras: debemos celebrar las victorias ajenas, porque al que “San Juan se la dio, San Pedro que se la bendiga”, como decían nuestros antepasados.
La autora es educadora
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