IRREGULARIDADES.
Transporte público, una historia sin resolver
Dorys F. Hilbert B.
opinion@prensa.com
Desde hace décadas hablamos de la mala situación del transporte en nuestro país, pero todo sigue igual a pesar de las promesas de los diferentes gobiernos. En 1959 operaban dos grandes empresas que manejaban el transporte colectivo en la ciudad de Panamá, del centro hacia las afueras. Una era Transportes Carbonell y la otra Transportes Barletta, ambas estaban ubicadas en Vía España cerca de donde hoy se encuentra la Pepsi Cola.
En esa época la población no llegaba al millón de habitantes (se logró en 1963), por ende, los habitantes en la ciudad no representaban ni el 10% de lo que hoy en día son. El costo del transporte era de cinco centavos y, definitivamente, el costo del combustible era mucho más barato. Pero, llegó el momento en que el gobierno de Omar Torrijos, en 1968, consideró que el transporte colectivo no debía ser manejado por empresas, sino por individuos que tuvieran su propio medio de trabajo. Así se establecieron “los cupos”, disolviendo las empresas de transporte, y se impuso el método que perdura hasta el día de hoy.
El área considerada como “las afueras” abarcaba Parque Lefevre y las zonas circundantes. Luego, la ciudad fue creciendo en forma acelerada y sin medidas preventivas. Proliferó la construcción de urbanizaciones hacia las afueras, provocando los tranques que hoy tenemos en la ciudad de Panamá.
Como en la vida “todo tiene su precio”, los cupos no fueron manejados de forma honesta y se empezaron a “vender”, así unos cuantos individuos acapararon varios.
Lo que expreso en este artículo lo hago con conocimiento y base, porque durante muchos años estuve relacionada con este sector, en el que los dueños de cupos debían tener la aprobación del sindicato para obtener la exoneración de su unidad y todos los documentos que les permitieran circular sus buses.
Vemos que en todas las elecciones se habla del transporte comunitario, pero se olvidan de lo importante que significa el traslado diario de cada ser humano que lucha para sobrevivir en la actual sociedad, en donde el costo de vida cada día es más alto, en donde los odios, rencores y el dolor imperan en el corazón de todos los habitantes. Estas características hacen que cada día sea más dura la supervivencia y convierten al país en un mar de muertes innecesarias.
Nos preguntamos ¿a qué se debe la violencia que se registra en nuestro país? La respuesta la obtendríamos, si en vez de hablar pudiéramos experimentar lo que un panameño (a) tiene que vivir para poder llegar a su área de trabajo y obtener su sustento.
Por cosas del destino, nuevamente he tenido que utilizar este medio público para transportarme y he visto de la forma en que se comportan los usuarios. Los caballeros no ceden sus asientos a las damas, a las personas de la tercera edad, a las mujeres embarazadas, a los discapacitados, o a los niños (as), en fin... También he podido ver el odio, el cansancio y la falta de amor de las personas que utilizan este medio; es decir, que triste es la vida de aquel que tiene que utilizarlo.
En las horas pico utilizar el transporte es vivir en un infierno; los buses llevan a muchos más pasajeros de lo que permite la capacidad del vehículo, en consecuencia las personas van guindando. El resto del tiempo, los conductores solo paran para recoger a los pasajeros en donde quieren, más cuando otro bus viene detrás, porque van en una carrera para ver quién llega primero a la piquera.
No puedo decir que todos los conductores sean “asesinos en potencia”, pues he comprobado que como en todo hay excepciones. Pero el comportamiento de la mayoría afecta el de todos.
Cuando uno sube a un bus siente el olor de aceite quemado (por falta de mantenimiento), escucha la entrada de los cambios (hacer doble movimiento del embrague, clutch), ve que los asientos están en muy malas condiciones, y hasta percibe que el vehículo no tiene la fuerza suficiente para circular.
Ahora que se aproximan las elecciones, prometen la entrada de nuevos buses, pero pregunto ¿corregirá esto el problema de la comunicación, de los tranques, del costo del combustible...? En fin, ¿Resolveremos el dolor que siente cada panameño (a) al usar este medio de transporte?
Hay que hacer un estudio de la población, por zonas, que utiliza este medio para poderles brindar, realmente, un buen servicio.
Espero que este mensaje llegue a aquellos que tienen el poder de resolver la vida de cada uno de los que habitamos este suelo, para que el resto de nuestras vidas podamos tener paz, amor y tranquilidad.
La autora es licenciada en administración de empresas turísticas
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