Asamblea. La Comisión Ballenera Internacional no llega a un acuerdo.
La decepción de las ballenas
Japón, Noruega e Islandia mantendrán su pesca a pesar de la prohibición.
Chile declara sus costas santuario para estos mamíferos acuáticos.
| REUTERS/Toru Hanai |
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| CARNICERÍA. Bajo el amparo de la caza científica, existe un tolerado comercio con la carne y las partes de los enormes cetáceos en peligro de extinción en países como Japón.1050365 |
Rosina Ynzenga
rynzenga@yahoo.es
“Fue una semana decepcionante para las ballenas”. Esta frase de Ralf Sonntang, del Fondo Internacional para la Protección de los Animales y su Hábitat, resumía el ánimo de algunos de los participantes de la 60ª Asamblea Anual de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) que tuvo lugar la semana pasada en Chile. Esta reunión contó con la presencia de los 81 países miembro, entre ellos Panamá.
En la mesa estaba si terminar o no con la moratoria contra la caza de ballenas que se mantiene en vigor desde 1986 e intentar frenar la comercialización de su carne por parte de Japón.
Al final el resultado ha quedado en tablas. Ni el bando más conservador que lucha por proteger este mamífero acuático, ni Japón, Noruega e Islandia, que siguen cazando estos cetáceos, han visto cumplidos sus objetivos.
De momento, Japón se ampara desde 1987 en el artículo VIII de la CBI que permite la captura pero con fines científicos para seguir pescando con arpones con explosivos cerca de mil cetáceos al año.
Para revocar esta decisión unilateral del país nipón se requiere que una mayoría del 75% vote en contra y en esta reunión no se ha logrado ni siquiera organizar la votación.
Lo que sí han conseguido todos los países presentes fue organizar un grupo de trabajo compuesto por 24 naciones con el fin de aunar criterios para la próxima cita en Portugal que tendrá lugar en 2009. En Chile lo único que se frenó por votación fue la petición de Groenlandia de ampliar en 10 ballenas jorobadas su cuota de caza.
La CBI mantiene estas cuotas en comunidades de aborígenes para su subsistencia, entre ellas además están Rusia y Alaska.
Por lo demás las posturas siguen siendo casi las mismas. Noruega continuará cazando ballenas en los mares del norte junto con Islandia y Japón en el Pacífico.
Los países que abogan por mantener la prohibición persisten en su decisión. Algunos han dado un paso más, como ha sido el caso de Chile. La presidenta Michelle Bachelet anunció al inicio de esta asamblea que las costas chilenas se convertirán en un santuario para estos cetáceos que son declarados monumentos por su gobierno. Además la mandataria afirmó que en su país la moratoria se extenderá por tiempo indefinido.
Al igual que Chile muchas otras naciones consideran que hay que proteger a las ballenas para evitar su extinción tras décadas de darles caza por todos los mares. Durante el siglo pasado, gran parte de las poblaciones de cetáceos del mundo fue diezmada a causa de la comercialización de su carne.
Se estima que entre 1925, año que se botó el primer barco factoría ballenero, y 1975 se dio caza a más de un millón y medio de ballenas.
Los balleneros pescaban a todas las especies y pasaban de una a otra según disminuía su población y por tanto la explotación.
Esto provocó un gran número de demandas y quejas internacionales que llevó a la CBI a declarar la moratoria. De momento, hoy sigue en vigor, pero también la decisión de Japón, Noruega e Islandia de continuar con la captura de estos inmensos mamíferos que surcan los mares.
Panamá, donde las ballenas cuidan de sus crías
Cada año, en las cálidas aguas de la isla de Coiba, Punta Mala, Taboga, Contadora y el archipiélago de Las Perlas no suele ser extraño avistar ballenas. La razón es que llegan a las costas panameñas para reproducirse. En estos lugares suelen permanecer con sus crías por un promedio de ocho meses, ya que la temperatura del océano es perfecta para su apareamiento.
Además, tanto en el Pacífico como el Atlántico está regulado el avistamiento de estos grandes cetáceos. Para evitar que se asusten, los barcos tienen prohibido acercarse a menos de cien metros de esta especie marina. Esto se debe a que según los científicos estos mamíferos acuáticos dejan de acudir a sitios donde sienten la presencia de humanos.
Panamá está declarado como santuario para la protección de las ballenas y en sus 319 kilómetros cuadrados de aguas jurisdiccionales está terminantemente prohibida su caza. La violación de este santuario supondría penas de hasta 10 años de cárcel así como multas que podrían alcanzar el millón de dólares.
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