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Panamá, domingo 29 de junio de 2008
 

SUBSIDIO A LOS BUITRES INMOBILIARIOS.

Una pistola a la cabeza

1050119Betty Brannan Jaén
laprensadc@aol.com

PANAMÁ, R.P. –Si es cierto que en la despiadada dictadura de la China comunista, a los presos políticos ejecutados se les cobra por la bala que ha de matarlos, esta semana he notado un paralelo entre Mao y Martín: es que a las víctimas de la destrucción de Bella Vista nos pretenden cobrar el precio de nuestra propia asfixia.

Y el precio dista mucho de ser una bagatela, porque fue a jalones que mi intrépida colega Mónica Palm logró arrebatarle a los funcionarios torrijistas el dato estremecedor de que la tasa de valorización tendrá un promedio de 89 mil dólares por finca. Es una valorización inconsulta, “intransparente”, anti–ciudadana y abusiva con la que de repente pretenden financiar el 90% de una obra también inconsulta, “intransparente” y anti–ciudadana, cuyo costo está al doble de lo que se pregonó inicialmente y que está avanzando a todo vapor para que la vanidad de Martín pueda inflarse al momento de cortar la cinta. Él quizás piense que la obra será una especie de altar a su magnífico liderazgo, pero yo más bien opino que será una especie de monumento al lado oscuro del torrijismo.

De una vez confesaré, como ya saben los lectores, que tengo un interés personal en este tema. Como he escrito anteriormente, mi mamá es dueña de la última residencia en nuestra cuadra de la Calle 43 de Bella Vista; es una casa construida en 1916 por mi abuelo y bisabuelo. Al lado, donde antes había una elegante residencia unifamiliar, nos están construyendo una torre monstruosa de 35 pisos (cuatro apartamentos por piso) y presumimos que lo mismo ocurrirá en todos los lotes a nuestro alrededor, donde las antiguas casas ya han sido derribadas. Así nos asfixiarán.

Aun así, el Gobierno justifica la valorización con el argumento de que el valor de los terrenos en el “área de influencia” ha aumentado dramáticamente, pero veamos quién va a pagar la valorización. No los que ya vendieron; ellos cobraron sus millones y se largaron. No los edificios nuevos, que me dicen estarán exonerados (aunque el Gobierno no lo ha precisado). No los millonarios del Club de Yates, al que encima se le está regalando hectáreas adicionales. ¿Quién queda? Pues precisamente, el puñado de residentes que no han vendido. Los que colocaron su amor al barrio por encima del dinero fácil.

Los que están tratando de sobrevivir el caos, el ruido y los tranques de una desordenada densidad urbana que ellos no causaron y que está enriqueciendo repugnantemente a los buitres inmobiliarios. En el caso de mi madre –una viuda de 84 años– se trata de un lote doble, lo que posiblemente signifique una valorización doble, o sea unos 178 mil dólares. Aunque no osen cobrarle tanto, uno ve claramente que esta valorización es nada menos que una pistola a la cabeza para obligarla a vender.

Queda claro que lo que quieren es destruir las pocas residencias que quedan en Bella Vista, aunque sea a la fuerza. Por eso es que el plan específicamente permite que las torres se repartan la tasa entre todos los propietarios, mientras que los dueños de residencia unifamiliar la pagarán solos.

La valorización “es un espaldarazo a la destrucción de Bella Vista”, señaló Raisa Banfield de la Alianza Pro Ciudad. “Solo las grandes edificaciones podrán absorberla. Ante este panorama se acelerarán las ventas y las demoliciones estarán a la orden del día, para que cuando el boom reviente y ya no quede más que un espejismo, tampoco quede nada de Bella Vista”.

A final de cuentas, entonces, todo el proyecto de la cinta costera es más un subsidio a los buitres inmobiliarios que un beneficio a los residentes de la ciudad. Esos promotores pudieron construir sin pagar por la infraestructura adicional que obviamente sería necesaria y sin siquiera dotar a sus edificios de estacionamientos suficientes para sus compradores.

Ahora que no hay suficiente luz y agua, y que los carros literalmente no caben en la ciudad, a nosotros –las víctimas – se nos está cobrando el costo de solucionar los graves problemas que estas torres han causado, comenzando por estacionamientos gratis para los residentes de esos edificios.

Esa infamia será el verdadero legado de Martín en la cinta costera, donde eternamente estaremos pagando el precio de un proyecto en que vanidad y bellaquería –por no decir corrupción – pesaron más que el bien comunitario.

La autora es corresponsal de ‘La Prensa’


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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