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Panamá, viernes 27 de junio de 2008
 

CUESTIÓN DE ENFOQUE.

Sobre la nueva ley de adopción

Edgar Omar Romero Sánchez
opinion@prensa.com

Hace unas semanas, apareció en La Prensa una nota que presentaba la gran cantidad de menores confinados en los centros de acogimiento y la escasa cantidad de adopciones que se habían efectuado. Consideré que este tipo de información había motivado a nuestros diputados a escudriñar más los artículos de la nueva ley de adopción y escuchar los planteamientos de las organizaciones que conforman la Red de Apoyo a la Niñez. Todo esto con la finalidad de lograr una ley de adopción que le permitiera a los menores abandonados en estos centros tener una familia con la mayor rapidez posible.

Sin embargo, veo con asombro cómo se ha aprobado una ley de manera tan acelerada, sin que se haya dado un adecuado debate por parte de nuestros diputados. Aparentemente lo más importante era aprobar la ley sin importar el efecto que la misma pudiera tener en el futuro de los niños y niñas abandonados en los hogares de acogimiento.

En esta ley se plantea a la adopción como la última opción para los menores abandonados, cuando deberíamos promoverla como un mecanismo eficaz para disminuir la gran cantidad de menores abandonados en nuestro país. Nuestra ley de adopción busca inicialmente que los menores abandonados sean acogidos por su familia biológica, incluso obligando psicológicamente a estos familiares biológicos a hacerse cargo del menor aun cuando no cuenten con los medios económicos ni el entorno adecuado para darle un futuro promisorio. Al sentirse obligados moralmente y psicológicamente a hacerse cargo del menor puede ser que no le reciban con amor y afecto genuinos, lo cual al final puede transformarse en maltrato o en el regreso del menor al hogar de acogimiento.

Según esta ley se le dará a las madres solteras programas de orientación y formación para que tengan la opción de quedarse con sus hijos para que no los den en adopción. Esta acción se ve muy interesante escrita en el papel, pero en la práctica la situación es muy diferente.

Para las clases humildes de nuestro país poner un plato de comida sobre la mesa es un reto diario y cuando te encuentras una mujer que ya tiene varios hijos a los cuales no puede alimentar adecuadamente y, quizás, no puede enviar a la escuela, no podemos obligarla a que se quede con un recién nacido que ella conscientemente sabe que no va a poder mantener.

Todas estas acciones hacen que la adopción se retrase y que estos menores pasen más tiempo en los hogares de acogimiento, perdiendo la oportunidad de tener una familia que en realidad los ame y les brinde el apoyo y la seguridad que necesitan.

Según la diputada Maricruz Padilla, esta ley dará mayor seguridad a los menores e impedirá el maltrato y el tráfico de los mismos por parte de los adoptantes. Las familias adoptantes deberían ser vistas con gran admiración y respeto, porque la mayoría son familias que han hecho intentos infructuosos por tener hijos biológicos y, a pesar de las contrariedades que la vida les ha impuesto, han tomado la decisión de dar su amor a un hijo adoptado.

Más bien la sociedad panameña debería darles su agradecimiento por ocuparse de esos menores abandonados que están creciendo sin amor y sin calor de familia en esos centros de acogimiento. Si la adopción se promoviera como un regalo de vida para estos niños y niñas, muchas familias, incluso aquellas con hijos biológicos, tomarían la decisión de adoptar y los centros de acogimiento no tendrían menores abandonados.

Los requisitos para realizar una adopción en nuestro país son numerosos e incluyen una serie de evaluaciones psicológicas, las cuales son analizadas extensamente por la Dirección Nacional de Adopciones. Además implica el pago de varios miles de dólares a un abogado para que lleve el caso de adopción. Todos estos detalles dejan entrever un interés genuino por parte de las familias que buscan este mecanismo para tener hijos. Después de pasar por tantos tropiezos ninguna familia adoptante en su sano juicio, se desprendería de su hijo o hija adoptivo para traficarlo por dinero.

Definitivamente se debe lograr alcanzar una ley de adopciones que garantice la seguridad y el bienestar superior del menor, que procure que las familias adoptantes tengan altos valores morales y que agilice sustancialmente el trámite burocrático. Pero para lograr esta ley, nuestros diputados tienen que poner sus cinco sentidos en lo que están aprobando y no, simplemente, aprobar al correteo una ley para justificar el salario que devengan. Deberían visitar los centros de acogimiento donde estos niños y niñas pasan el día a día esperando una familia que los acoja en su seno y deberían hablar con los encargados de los centros para que se enteren de las historias particulares de cada uno de estos menores. En pocas palabras, deben sensibilizarse y bajarse de su pedestal para conocer de primera mano por qué hay tantos niños en estos hogares.

Le recomiendo al señor presidente Martín Torrijos que no ratifique esta ley y que la envíe nuevamente a la Asamblea Nacional para que sea analizada de una manera correcta por nuestros señores diputados y para que se permita dar su opinión a las organizaciones que conforman la Red de Apoyo a la Niñez. Estas organizaciones son las que trabajan más de cerca con los menores abandonados y con sus padres biológicos; y podrían dar recomendaciones de mucho valor para tener una ley de adopción que beneficie a nuestros menores abandonados para lograr tener una familia.

El autor es médico


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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