CARTAS DESDE EUROPA.
Valores dignos de aplauso
Camilo José Cela Conde
Un paseo informal, ajeno a los usos protocolarios pero capaz de reunir al líder del único imperio militar que queda en el mundo y a la cabeza visible de la religión con más fieles de Occidente, no es un paseo cualquiera. ¿De qué hablarían en los jardines de la Torre de San Juan, a lo largo de una hora, el papa Benedicto XVI y el presidente George W. Bush? No ha trascendido.
Podría pensarse que se trataba solo de una charla entre amigos, sin trascendencia política, si no fuera porque tal cosa resulta imposible. La simple noticia del encuentro ha dado la vuelta al mundo y sus circunstancias se ignoran, como digo, pero el gabinete de prensa del Vaticano se ha visto obligado a proporcionar alguna pincelada. En concreto, la de que el Santo Padre justificó el encuentro, la amistad y lo cordial del paseo invocando su admiración y respeto hacia la defensa que hace Bush de los valores.
Valores morales; de eso se trata y, estando por medio el tutor espiritual de la Iglesia católica, no es poco. Pero, ¿a qué valores se referiría el papa Benedicto? Repasemos lo que, a tal respecto, se sabe de George W. Bush. Alcohólico redimido gracias, de hecho, a la religión, esa podría ser una empresa digna de respeto. Sin embargo, es algo que pertenece del todo a la esfera personal del señor Bush Jr.; no tiene nada que ver con la condición que le llevó al encuentro con el Santo Padre y que no es otra que la de ser el presidente de Estados Unidos. Vayamos, pues, con los valores que se relacionan con su manera particular de ejercer el liderazgo del país más poderoso del planeta.
¿Cuáles son las posturas éticas admirables del Bush presidente? ¿La manera como ganó su puesto, con la manipulación de votos llevada a cabo por su hermano en Florida? ¿La decisión de invadir y destruir Irak? ¿La puesta en marcha de la vergüenza que supone el penal político–militar de Guantánamo, reprobado por el más alto tribunal de Estados Unidos? ¿El secuestro y traslado de ciudadanos extranjeros mediante vuelos secretos que violan los tratados internacionales? ¿La política de torturas de prisiones como Abu Dhabi? ¿El veto a la ley que iba a amparar a los niños sin seguro médico? ¿El descarado apoyo a las multinacionales petroleras, unido a la negativa de firmar cualquier protocolo internacional de defensa del ecosistema como es el caso del de Kyoto? El Vaticano debería aclararnos cuanto antes ese extremo.
No se trata de que el sacerdote Ratzinger y el político Bush congenien, cosa que, habida cuenta de sus respectivas posturas ideológicas, puede suceder sin mayor escándalo. Lo que está en juego es el apoyo de la Iglesia católica a esa retahíla de valores capaces de reducir a la nada lo más preciado, en términos éticos, de los ciudadanos que creen en los derechos humanos, el Estado democrático, la separación de poderes y el imperio de la justicia. Demasiado serio como para despacharlo con un aplauso genérico a los valores del presidente.
El autor es escritor
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