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Panamá, miércoles 25 de junio de 2008
 

EN BUSCA DE LA LUCIDEZ Y EL DESPRENDIMIENTO.

Internas panameñistas

1047422Carlos Guevara Mann
opinion@prensa.com

Las elecciones internas en el panameñismo han generado interés más allá de las fronteras del partido. La razón no es difícil de averiguar. Existe un disgusto generalizado hacia el actual gobierno –por su política incompetente, represiva y corrupta– y un desencanto singular hacia el sistema político vigente (engendrado en las entrañas de la dictadura), por su incapacidad para producir resultados democráticos y proveer soluciones a los enormes problemas del país.

Cada día son más los que abrigan sentimientos de apatía, cinismo y rencor hacia la sociedad política, que abogan por un boicot electoral y esperan el descalabro total del sistema para erigir sobre sus escombros un populismo autoritario. Pero hay también un sector apreciable que anhela para el país una regeneración democrática. Ese sector, junto con los 270 mil miembros del Partido Panameñista, está atento a las elecciones del 6 de julio por las implicaciones que dichos comicios pudiesen tener para constituir una alianza programática que –con 20 años de tardanza– comience a proveer soluciones democráticas y sostenibles a los traumas nacionales.

Ese comienzo –invariablemente– pasa por la derrota del PRD en las urnas en mayo del año entrante. De ese partido –ya es réquetesabido– no podemos esperar frutos democráticos ni remedios adecuados a los males nacionales. Si permitimos que permanezcan en el poder, en el menos malo de los casos continuarán operando de acuerdo con las reglas que ellos mismos impusieron durante el régimen militar, lo que seguirá corroyendo a la sociedad panameña hasta desbaratar su tejido por completo.

En la peor de las circunstancias, reforzarán los aspectos autoritarios y represivos del sistema político (ya lo están haciendo, con el mayor gusto) hasta empujar al país a una dictadura controlada por jenízaros y torturadores como Papo el predicador: sujetos enfermos de sadismo, que se deleitan con los gritos de las víctimas a las que les serruchan el pescuezo o avientan desde un helicóptero en alto vuelo.

Son pocos los dirigentes de la oposición (incluyendo al Partido Panameñista) que han demostrado sensibilidad hacia las realidades que enfrenta el país. Las campañas políticas de muchos candidatos han estado signadas por la politiquería barata y orientadas a la conquista del poder mediante esquemas engarzados en el sistema putrefacto que impera en el país.

Han recurrido a la propaganda chapucera y al clientelismo más elemental, prometiendo a diestra y siniestra medidas incoherentes de imposible implementación. Por inconvenientes y nada funcionales, esas candidaturas merecen el rechazo ciudadano.

Otros aspirantes, sin embargo, han mostrado un grado de discernimiento que brinda al público una mínima esperanza de que a través de un cambio de gobierno se podría enrumbar al país por senderos distintos, más conducentes al logro de los objetivos de democracia y desarrollo sostenible al que aspiran las mayorías ciudadanas. Dentro del Partido Panameñista, algunos candidatos se han pronunciado a favor de una refundación organizada y democrática del sistema político a través de un proceso constituyente.

En esa categoría están, entre otros, Marco Ameglio y Jorge Gamboa, quienes han presentado propuestas dirigidas a lograr esa meta a través de medios democráticos e incluyentes. Sus propuestas merecen, por tanto, la simpatía del electorado panameñista.

Una función primordial en el sistema democrático es la permanente fiscalización de las acciones del Gobierno. En los años transcurridos desde el inicio de la actual administración, la dirigencia opositora ha descuidado el ejercicio de esa tarea, en desmedro de las condiciones políticas del país.

Ameglio y Gamboa, junto con los diputados Blandón y Varela, figuran entre los pocos aspirantes a cargos de elección en el partido que han ejercido esa función con energía y constancia.

En un ambiente político poco evolucionado y degradado, en que escasean las virtudes y abundan los vicios, donde falta la ilustración e impera la chabacanería, es alentador poder señalar a algunos candidatos por su práctica de algunas virtudes pasadas de moda. En ese sentido, es lícito ponderar al doctor Terán Sittón, cuya participación pública se caracteriza por la ecuanimidad, el respeto y la civilidad.

Lo fundamental de las elecciones internas del Partido Panameñista es que quienes participen en ellas –tanto sufragantes como aspirantes a cargos de elección popular– deben entenderlas no como un desenlace definitivo, sino como un primer paso a la formación de una alianza electoral para enfrentar al oficialismo en mayo de 2009. A los ganadores de todas las candidaturas debe quedarles muy claro que el respaldo que reciban en las elecciones internas no es carta blanca para seguir dividiendo a la oposición, sino un mandato para buscar la unidad, la coherencia programática y el triunfo el año entrante.

Transcurrida esta etapa, los ganadores deben estar anuentes a renunciar a sus candidaturas, si ello fuese necesario, en aras de la configuración de una sola nómina de oposición. Los atributos requeridos para tales efectos son la lucidez y el desprendimiento, no la codicia, ineptitud e insidia que han prevalecido, hasta ahora, en la dirigencia opositora. No lo pierdan de vista.

El autor es catedrático de ciencias políticas y fue director general de Política Exterior


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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