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Panamá, miércoles 25 de junio de 2008
 

FALTA DE SUPERVISIÓN.

Las aulas oficiales desiertas

Ileana Gólcher
opinion@prensa.com

La reciente crisis de la educación oficial que tiene su detonante en la infraestructura escolar debido al problema con la fibra de vidrio es el resultado visible de una comunidad educativa indiferente y complaciente.

Desde el año 2007, los centros educativos oficiales comenzaron a ser estremecidos por una creciente ola de protestas y cierres de las jornadas académicas como resultado de la escasa supervisión del funcionamiento de la infraestructura escolar. Los resultados son dramáticos: cientos de aulas oficiales han permanecido desiertas por más de dos meses con sus consecuencias irreversibles; la realidad ha demostrado que las clases perdidas nunca se recuperan por la apatía tanto de los estudiantes como de los propios docentes y padres de familia.

Las interrogantes que surgen son múltiples, dependiendo desde qué óptica nos situemos. Veamos las más sobresalientes. ¿Cómo se aprobaron oficialmente los planos de dichas escuelas si la fibra de vidrio es reconocida por las autoridades de salud y la universidad estatal (UTP) como tóxica? ¿Quién supervisa a la Dirección de Ingeniería y Arquitectura del Ministerio de Educación para que actúe con transparencia y rigor científico en sus aprobaciones oficiales? ¿Qué grado de supervisión mantuvo el Meduca sobre las empresas contratadas para garantizar que la limpieza de la fibra de vidrio se desarrollara de forma eficiente? ¿Desde cuándo y por qué no se le brinda el adecuado mantenimiento a dichas instalaciones? ¿A qué sectores sociales les conviene que la crisis educativa se acreciente y las clases se suspendan? ¿Por qué el Estado permite la importación y venta de dichos materiales si son nocivos para la salud? ¿Por qué los gremios docentes prefirieron el silencio y no actuaron en su debido momento para evitar dicha crisis? ¿Qué fuerzas políticas autorizaron a decenas de “empresas instantáneas” para que limpiaran lo que ni ellas mismas podían resolver? ¿Por qué los padres de familia no participan en la gestión escolar y solo les preocupa el aumento del costo de los libros de texto? ¿Por qué en pleno auge de la tecnología de la información cada centro educativo no dispone de su ficha de registro y mantenimiento de sus instalaciones? ¿Cuántas empresas han sido realmente sancionadas y sus multas han ingresado a los fondos del Estado? ¿Es posible que los meses de clases perdidos se recuperen en los 15 días de vacaciones de medio año? ¿Por qué el Meduca no está preparado para emergencias académicas de esta naturaleza y dispone de módulos de aprendizaje innovadores para que los estudiantes prosigan sus ritmos de aprendizaje?

Por un lado se plantea a la educación como un proyecto de formación y desarrollo personal en un contexto democrático y emancipador y finalidad de la educación pública y laica, cuya aspiración es la igualdad social; por otro lado se promueve un modelo de educación que responda a los propósitos neoliberales de la competitividad; la educación es observada como una mercancía y la escuela debe seguir el modelo de la empresa, por tanto la inversión ha de ser rentable, se requieren estándares para optimizar los recursos y producir calidad en el recurso humano adaptado a los distintos sectores de la economía.

Resulta contradictorio y preocupante que precisamente ahora cuando la escuela alcanza en sus coberturas a toda la población, cuando parecía ponerse al servicio de un fin democrático, en Panamá desde hace más de dos décadas ha entrado en una crisis que por el momento se presenta irreversible.

A veces nos asalta la duda: ¿No será que la desintegración del entorno educativo oficial es la nueva forma de colonizarlo, de resquebrajarlo? Cuando se lee en los programas de estudio propuestas que defienden el conocimiento libre y crítico, la formación de un sujeto reflexivo, entonces resulta que la población estudiantil, docente y padres y madres de familia no están en condiciones de ver, oír y en consecuencia participar de forma permanente y crítica. El Estado por su parte, se presenta débil y con escaso liderazgo en la gestión.

Necesitamos de la educación para sobrevivir históricamente y solo si la institución escolar cumple esa misión que le permita cambiar el mundo, podrá sobrevivir en su función social. Cuando las fuerzas sociales, particularmente el Estado, los gremios docentes, la iniciativa privada se decidan a acoger la naturaleza histórica que le es propia, como patrimonio de la tradición, desarrollo del pensamiento crítico, principio de igualdad y objetivo de libertad, entonces podrá sobrevivir como escuela y, en ese caso desencadenará necesariamente el cambio histórico que Panamá como nación necesita con urgencia.

La autora es catedrática e investigadora universitaria


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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