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Panamá, lunes 23 de junio de 2008
 

caos. camiones de carga dañan calles y carreteras.

La otra cara del crecimiento

Un documento de la ATTT revela que durante 2006 se sancionaron 14 mil 382 vehículos de carga.

Las quejas contra el ‘equipo pesado’ van desde molestias a los ciudadanos hasta daños a la red vial.

Sin respeto a las reglas de tránsito, transeúntes y conductores sobreviven al tráfico intenso de equipo pesado.1046153
Urania Cecilia Molina
umolina@prensa.com

En un concurso de popularidad, los vehículos de carga o “equipos pesados” - como también se les conoce - no estarían entre los primeros lugares.

Sobre sus vagones no solo cargan el peso de la mercancía que transportan al son de sus motores ruidosos, sino también la culpa de dañar las calles y de molestar a los ciudadanos.

“Son como monstruos que caminan por la ciudad causando destrucción”, dijo Lineth Sánchez, quien, en diversas oportunidades, ha tenido que soportar que los granillos de arena choquen inmisericordes contra el parabrisas de su auto, porque el camión que tiene delante lleva la lona mal puesta o no cubre totalmente el vagón.

Pero la deficiente colocación de la lona que debe cubrir las mercancías no es la única irregularidad que se les atribuye a estos “monstruos”.

El exceso de ruido -por el claxon, por los motores-, la velocidad que alcanzan, el tranque que provocan, el material desbordándose del volquete, el tiradero de mezcla sobre el pavimento, la destrucción de las calles, las malas condiciones mecánicas, la ausencia absoluta de luces y las llantas lisas son sólo algunas de las quejas que los ciudadanos tienen contra los vehículos pesados.

Ulises Lay, miembro de la Comisión Vial de la Sociedad de Ingenieros y Arquitectos (Spia), dice que el problema con los equipos pesados es que llevan hasta 30% más de la carga que deberían. “Colocan unas tablas para poder llenar más el volquete de arena, tierra o piedra”, explicó.

Además, dijo, circulan libremente por las calles de la ciudad porque no hay norma que se los impida. “En otros países todo esto se controla”, mencionó enfáticamente.

Lay responsabiliza de esta situación a la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), que no ejerce la función coercitiva que le corresponde.

Es que, aunque existe la Ley 10 de 24 de enero de 1989 -que establece los pesos y dimensiones de los vehículos de transporte de carga para asegurar la conservación de las vías públicas- la percepción de los ciudadanos es que las autoridades no hacen nada para corregir estos problemas. (Ver Gráfica).

En la ATTT no dieron información al respecto, pero en un informe llamado Ajustes de los costos en los trámites por servicios administrativos en concepto de la elaboración, impresión y emisión de las tarjetas de pesos y dimensiones se revela que la carencia de personal impide que se realice eficientemente la fiscalización requerida por ley.

El documento -elaborado por la Dirección de Operaciones con fecha de julio de 2007- señala que el Departamento de Control de Pesos y Dimensiones cuenta con 62 funcionarios, y 48 de ellos laboran en alguna de las siete estaciones donde se pesan estos vehículos. Otros siete funcionarios manejan las pesas móviles, y sólo se pueden crear dos grupos para realizar operativos de fiscalización.

El documento, en su tercera página, dice que “la ATTT no cuenta con suficiente personal que permita ejercer de manera efectiva el control y fiscalización de los vehículos de carga”.

Aun así, según el informe, se impusieron 14 mil 382 sanciones en 2006, y el 40% fue por circular con sobrepeso.

ENEMIGOS DE LAS CALLES

La destrucción que provocan en las vías es quizás el mayor perjuicio que provocan los camiones de carga. Lay sostiene que las calles y avenidas por donde pasan estos vehículos siempre están dañadas.

Benjamín Colamarco, ministro de Obras Públicas, sabe bien que el exceso de camiones y equipos pesados circulando por las calles de la ciudad se deben al boom inmobiliario. Y aunque defiende la actividad por los aportes económicos que representa para el país, considera que se debe hacer con orden para afectar lo menos posible la infraestructura establecida.

Es que Colamarco está consciente de que las calles de la ciudad no están diseñadas para soportar el peso que la carga y el continuo transitar de estos vehículos les imprimen. En el corregimiento de San Francisco, por ejemplo, las calles están diseñadas para soportar entre siete y ocho toneladas de peso, explicó. Pero en este mismo sector se están levantando altos edificios que necesitan mucho material de construcción que transportan concreteras y volquetes. Esto significa que - a diario - soportan hasta cien veces más el peso para el que fueron diseñadas, dijo el ministro.

Pero además, el sobrepeso suele romper tuberías de agua potable y sanitarias. Cuando esto ocurre, el asfalto se moja y se suelta y, como los camiones siguen circulando, entonces se produce el colapso del pavimento. El Estado, es decir, todos los ciudadanos, es el que finalmente debe hacer frente a la reparación.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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