IDEAS INSPIRADORAS Y SOLUCIONES PRÁCTICAS.
El próximo presidente norteamericano
I. Roberto Eisenmann, Jr.
opinion@prensa.com
En un mundo aún unipolar, la elección presidencial en el poder mundial tiene consecuencias –positivas o negativas– para todos los países del globo terráqueo.
Sin embargo, y a pesar de un nuevo mundo supuestamente “sin fronteras”, los ciudadanos del mundo –aunque pagamos las consecuencias– no tenemos ni voz ni voto en esas elecciones.
En un interesante artículo de Richard Armitage y Joseph S. Nye (quien fuera profesor mío en Harvard) indican que esta elección presidencial quizás sea el más importante evento de 2008 para definir el futuro de Estados Unidos de América.
Quien gane la elección hereda un país hastiado con los más de siete años de una guerra iniciada con una flagrante mentira, y deseoso de una nueva visión de liderazgo tanto en lo doméstico como en lo internacional.
Estados Unidos, escriben los autores, tiene que conciliar su enorme poder con los intereses, valores y aspiraciones del resto del mundo. Debe usar su poder para invertir en el bien global, proporcionando aquello que los pueblos y gobiernos del mundo quieren, pero no pueden lograr si está ausente el liderazgo norteamericano. En conclusión: necesitan que Estados Unidos tenga una política exterior inteligente y eficaz.
Estados Unidos tiene que complementar su poder militar y económico –su hard power (poder duro) con el cual ganó la Segunda Guerra Mundial– con su influencia en valores e inspiración, y su soft power (poder suave) –con el que reconstruyeron Europa y Japón– para producir una política exterior que sea smart power (poder inteligente).
Esto requiere enfocar primero en reconstruir alianzas con países individuales e instituciones internacionales, y priorizar a la gente iniciando con salud pública, continuar con la integración económica, liderar la mitigación al cambio climático, y además resolver la inseguridad energética.
En conclusión: el nuevo presidente de Estados Unidos tendrá que cambiar radicalmente la actual política del miedo y rabia hacia una política de esperanza y optimismo, y a la vez atender con inteligencia y firmeza la nueva amenaza del terrorismo para no dañarse a sí mismo (con horrores como Guantánamo) más allá de lo que lo podrían dañar los terroristas.
Se requieren ideas inspiradoras y soluciones prácticas.
Esto es lo que necesita el poder mundial y a la vez, lo que necesita el mundo.
Así las cosas, pareciera claro que Barack Obama es el presidente de Estados Unidos que más conviene a Estados Unidos… y al mundo. Para que ésto ocurra debe producirse un cambio radical y positivo en el pensamiento norteamericano que, como siempre, tendrá que ser impulsado por la juventud.
Los ciudadanos del mundo esperamos los resultados con esperanza.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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